Portada del periodico La Nueva Crónica:
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- Otro pito que tocar
Se habla mucho en esta tierra de los motivos finales que han hecho de nosotros, sus moradores, personas duchas en el deleite sensorial de los libros. De por qué somos ya ávidos lectores, fieles seguidores de una ristra de escritores que, además, son paisanos nuestros. Muchos de ellos, lugareños de un medio rural desvencijado al que yo en parte miraré siempre con ojos de turista; quizá fruto de esos complejos de urbanita de los que adolecemos tanto en León capital. Resulta un motivo de orgullo que sean muchos los libros que guarecen nuestros estantes, los clubes de lectura en los que nos desfogamos y las librerías que frecuentamos, como guiados por la fuerza inescrutable de la literatura. Se atribuye la hazaña, muchas veces, al profundo poso oral que significa nuestras costumbres. A la tradición que atesoran etnógrafos brillantes, normalmente sin título acreditativo. Se dice que esas historias que siempre contaron nuestras abuelas dejaron un día de ser simples vibraciones que viajan por el aire para t - ¿Y después del 8M qué? Feminismo de cada día
El 8 de marzo es un día de fuerza colectiva: calles llenas, pancartas, voces que se suman. Ese día nos vemos y nos reconocemos, sentimos que no estamos solas. Pero cuando se apagan los megáfonos y guardamos las pancartas, empieza la pregunta incómoda: ¿y después del 8M qué? El feminismo no se mide solo en la manifestación de un día, sino en la manera en que vivimos las 24 horas del resto del año. Está en cómo repartimos las tareas en casa, en cómo educamos a nuestros hijos e hijas, en cómo respondemos a un chiste machista en el trabajo, en cómo acompañamos a una amiga que atraviesa una relación desigual. Feminismo de cada día es revisar los pequeños gestos: ¿Quién recoge la mesa? ¿Quién coge la baja cuando un hijo enferma? ¿Quién interrumpe más en una conversación? Ahí, en lo cotidiano, es donde la igualdad avanza o retrocede. También es feminismo de cada día el lenguaje que usamos, la forma en que hablamos de nosotras mismas, el modo en que apoyamos a otras mujeres en lugar de compe - La generación del rebuzno
«Somos la última generación de locos, somos la última generación que queda… y le cantamos al presente y a la vida, a la alegría, a la tristeza y al amor. Nuestras palabras son todo sentimiento. Nuestras canciones nacen en el corazón. Somos la última generación que canta. Somos la última generación que sueña. Estamos hechos de emoción y de ternura… Somos la última generación sincera». De tal manera, casi a modo de lamento gospel, desafía Sole Jiménez, en su último álbum 'Ser humano', a la fría irrupción de la IA en el mundo creativo. Esa presencia casi omnisciente que ha venido a ayudarnos, no a fagocitarnos. A complementarnos, no a vivir de las rentas de nuestra comodidad insatisfecha. Afortunadamente, el ser humano siempre se ha resistido a perder su libertad creadora. Dentro de ese innumerable repertorio de manías que traemos de serie, hay una que destaca sobre el resto: el afán por la libertad en cualquiera de sus presencias. El otro día presenciaba el libre albedrío de una peque� - Una fiesta deslucida
No existe, ni puede existir, una identidad 'castellanoleonesa'. Eso, como dice ahora la juventud, «es un facto». Un señor de Segovia se sentirá segoviano o español, lo mismo que uno de León dirá que es leonés o español, a ninguno de los dos se le ocurriría nunca denominarse 'castellanoleonés', como tampoco se puede ser 'maragatoberciano'. En otras comunidades autónomas sucede lo contrario. Es perfectamente normal que tanto un malagueño como un onubense se sientan andaluces, o que los oriundos de las Islas Afortunadas se consideren canarios, con independencia de cuál sea su provincia. Hay muchos más ejemplos, sin tener que mencionar las comunidades en las que están presentes los separatismos, cuya identidad se ha visto reducida a denostar a la España a la que mendigan. Esa falta de identidad explica en parte que la fiesta de nuestra comunidad resulte siempre un tanto apagada y tristona. Por supuesto a ello contribuye el hecho de que se eligiese para celebrarla la conmemoración de un episodio bast - La hoguera de la intolerancia
No sé si es para llorar de risa o de miedo, pero que, a día de hoy, en nuestro país haya personas que promuevan la quema de libros es indignante y debería hacernos reflexionar sobre cómo y por qué hemos llegado hasta aquí. No se me ocurre mayor ejemplo de fanatismo que querer convertir en cenizas una obra literaria por las ideas que contiene o por quién es su autor. El último ejemplo de este ataque a la libertad lo han protagonizado algunos sectores independentistas catalanes, quienes iniciaron una campaña de quema de libros del escritor Eduardo Mendoza como respuesta a unas declaraciones suyas en las que pedía cambiar la denominación de Sant Jordi por el Día del Libro. Lo primero que demuestran los energúmenos que han iniciado esta cacería cultural es que habrán hecho muchas cosas en su vida, menos leer, y doy por hecho que nunca han disfrutado de un libro de Eduardo Mendoza. Cualquier persona que haya tenido un libro suyo entre las manos sabe del humor, sarcasmo e ironía de la que está hecha s
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