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- La vuelta a la tortilla
Estos días en nuestro país la visita del Papa León XIV copa la actualidad informativa. Al margen de las ideas políticas y religiosas de cada uno, todas ellas válidas y respetables, resulta innegable que se trata de una figura de enorme relevancia. Cualquier cosa que diga o haga durante este viaje es susceptible de convertirse en noticia y en chispa para provocar un incendio en forma de polémica. Algunas de sus palabras, desde luego, no van a resultar indiferentes. Ya se han convertido en titulares que, como la lluvia, no van a ser del agrado de todos por muy necesarias que sean. Aunque en nuestra sociedad actual parece que cualquier nimiedad tiene la capacidad de generar una discusión. Si nos tienen divididos cuestiones como la simple elección de la tortilla con o sin cebolla, más o menos hecha, cómo vamos a ponernos de acuerdo en temas más serios y profundos. Pura utopía. El auténtico problema llega cuando las discrepancias no sirven para crear sino para destruir. Y cuando el respeto queda relegado - La furgoneta y el papamóvil
La llegada del Papa a España y su recibimiento en el Palacio Real ante las autoridades no deja de ser un espectáculo impresionante. Alguien podrá decir que no hace falta tanto boato para recibir al sucesor de San Pedro, primer Papa, prisionero y crucificado en Roma por las autoridades del momento. Pero el Papa Prevost no es el típico trepa que buscaba ser obispo, cardenal, o Papa. León XIV quiso ser religioso, es decir, seguir una vocación no para mandar sino para obedecer y para servir como misionero entre los más pobres de la tierra. Bien podría hacer suyas las palabras de María: «Me llamarán dichosa… porque ha mirado la humildad de su sierva». El Papa que entró tan solemnemente en la plaza de la Armería en un coche de alta gama y después en el papamóvil, es el mismo que un día recorrió España, incluida la provincia de León, en una furgoneta. Nuestro buen amigo y paisano Rafael Lazcano, que también viajaba con él, nos ha desvelado la marca de la furgoneta: DKW Mercedes. Ciertamente en aq - Caza juvenil
Venía de recoger a mis nietos a la salida del colegio cuando nos paramos unos momentos para ver un pequeño insecto andando por el verde. Aal tiempo que yo hice un ademán de cogerle, escuché una advertencia por parte de mi nieto, que me puso en el lugar que debía estar cuando me dijo: «Abuelo, a los animales no se les debe matar, tienen derecho a vivir». Entonces me vinieron a la memoria aquellas tardes veraniegas en las que los chavales del barrio nos dedicábamos, tirachinas en mano (tirador le llamábamos), a la caza de pardales, jilgueros y todo lo que se nos pusiera por delante sin piedad alguna. Eran pocos los chicos que tenían escopetas de perdigón, yo nunca tuve una debido a lo que entonces costaba, además del riesgo que suponía jugar entre los chicos del barrio con semejante arma y lo inconscientes que éramos entonces. Volviendo al tirador, o tirachinas, aunque nosotros lo conocíamos como «tirador», estaba construido de manera artesanal con dos tiras de goma de las cámaras de las ruedas de - Cartas a Louise Colet
La correspondencia de Gustave Flaubert a su amante Louise Colet –«buena Musa»– es para Vargas Llosa «el mejor amigo para una vocación literaria que se inicia, el ejemplo más provechoso con que puede contar un escritor joven en el destino que ha elegido». Abarcan los diez años dedicados a la primera versión de Saint Antoine y de Madame Bovary: entre agosto de 1846 y marzo de 1855. Cuando se conocen, ella tiene treinta y cinco años y él veinticuatro. En estas cartas –168–, le da consejos literarios, corrige sus versos, le propone lecturas: «Shakespeare… más que nunca, todos los demás me parecen niños a su lado». Además de sus encuentros y desencuentros –amigos, amantes, algo más que amantes, ruptura–, Flaubert expresa sus convicciones sobre el Arte y la Literatura: «Lo que a mí me parece lo más elevado del Arte no es hacer reír, ni llorar, ni poner cachondo ni enfurecer, sino obrar al modo de la naturaleza, es decir, hacer soñar». Sobre su vocación: «Tengo proyectos de obras h - Isabel Cantón: "Una escuela cerrada es una memoria que desaparece"
La investigadora Isabel Cantón Mayo, catedrática emérita de la Universidad de León, reflexiona sobre el esfuerzo de rescatar un legado olvidado y la necesidad de preservar una memoria educativa que forma parte de la identidad colectiva de la provincia. Lo hace en el marco de la publicación 'Las escuelas rurales de La Vega y la Valduerna' (Eolas, 2026), su cuarto libro sobre centros educativos del medio rural. - Después de cuatro libros dedicados a las escuelas rurales leonesas, ¿qué le sigue empujando a continuar con esta labor de recuperación de memoria y patrimonio educativo? -Es una pregunta que yo misma me formulo muchas veces, especialmente cuando percibo el escaso —y en ocasiones nulo— interés institucional y social por rescatar un patrimonio que forma parte esencial de nuestra historia colectiva. Las antiguas escuelas rurales, que fueron el corazón cultural y humano de tantos pueblos, parecen condenadas al silencio y al olvido precisamente cuando quienes pasaron por ellas alcanzan la madurez
21/05/2017 