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- El Monasterio de Montes reunirá a ajedrecistas de toda la comarca en la V edición del Acedrex Bergidense
El Monasterio de San Pedro de Montes, en la localidad de Montes de Valdueza, acogerá este domingo, 19 de julio, la quinta edición del torneo de ajedrez Acedrex Bergidense, una cita que volverá a unir deporte, patrimonio e historia en pleno corazón de la Tebaida Berciana. La actividad está organizada por el Ayuntamiento de Ponferrada, AFA Bierzo, el Club de Ajedrez Alzheimer Bierzo y la Cátedra de Territorios Sostenibles y Desarrollo Local de la UNED. El teniente de alcalde y concejal de Medio Rural, Iván Alonso, ha destacado que el torneo trasciende el ámbito deportivo al combinar la competición con una vertiente cultural, terapéutica y comunitaria. En este sentido, ha agradecido la implicación de los vecinos de Montes de Valdueza, que colaboran cada año en la organización del evento. El nombre del torneo hace referencia a las conocidas como Piezas de San Genadio, cuatro figuras de marfil datadas a mediados del siglo IX y vinculadas por la tradición al fundador del monasterio. Estas piezas están co - La virgulilla
Vete a saber quién es esa, pensarán algunos al leerla, ¿tara, enfermedad, ungüento?¿algún tipo de impedimento? Virgulilla….no me suena…quizás a los más mayores. Aunque a buen seguro que los profesores, como buenos defensores y guardianes del saber, habrán tenido que aprender, que sin ella España no hubiera. Parece que fueron unos monjes copistas, allá por la Edad Media, como buenos ecónomos lingüísticos, los primeros que discurrieron cómo simplificar la secuencia de dos enes juntas, e inventaron airosos una ene pequeñina que a modo de ondina alegre, flotara sobre una de las dos enes, leyéndose como una. Así nació la virgulilla: una de las reglas ortográficas que enseñamos a los alumnos de español. Y aunque también los matemáticos la usen como símbolo de aproximación, hoy la lección es de lengua, no es deformación ni manía, hoy toca de Ortografía. Y es que en las recientes oposiciones para profesores de secundaria, los suspensos por faltas han sido masivos. Los ofendidos, muy seri - La ilusión final
Desencantados como estamos muchos españoles con nuestro contexto político, hay que agradecer y mucho que nuestra selección, La Roja, nos esté dando razones para la alegría. No soy futbolera, ya lo saben, normalmente no me entero ni de cómo va la liga, pero el Mundial es otra cosa, es «remar todos juntos», es la ilusión de un país que observa la pantalla conteniendo la respiración, henchido de orgullo mientras ve correr por el campo de Dallas a un Cucurella invencible. Tenemos un gran equipo que juega como tal. Puede parecer redundante esto, pero no lo es. Decía el fabulista Esopo que «la unión hace la fuerza y la discordia la debilita». Tanto como discordia no hubo en ese césped, pero yo, sinceramente, y lo digo desde la humildad más absoluta y mi desconocimiento profundo del tema, sí tuve la sensación de que Francia no luchaba como equipo, sino como un grupo de egos que sale al campo dispuesto a que cada luz brille de manera independiente. España no actuó así, había hermandad, había compa - El fútbol de verdad
Siempre he preferido el fútbol de selecciones al de clubes. Salvo, quizá, la séptima Copa de Europa del Real Madrid, ninguna competición de clubes me ha hecho sentir una emoción comparable a la de aquellas en las que participa la Selección Nacional. No sólo no suelo perderme ningún partido que juegue España, sino que además me uniformo y siempre los comparto con los mismos amigos, ahora cincuentones, con los que llevo viéndolos desde la adolescencia. Durante la espectacular semifinal que acabamos de jugar con Francia pensaba en que muchos de los telespectadores que nos acompañaban en el bar ni siquiera tenían edad de enterarse de algo cuando España ganó su primer Mundial, sencillamente porque, como Lamine Yamal, carecían de uso de razón en aquel 2010. Los de la generación de Naranjito, los que ya nos ilusionábamos con el equipo de Arconada, Camacho, Gordillo, Alexanko, Juanito, Santillana o Quini, tuvimos que esperar hasta casi los 40 para ver algo así, y poco menos para disfrutar de la victor - El verano de la igualdad: cómo vivirlo sin estereotipos
El verano trae luz, calor, fiestas de pueblo, vacaciones, encuentros. Pero también suele traer consigo un repertorio de estereotipos que pesan especialmente sobre las mujeres: el «operación bikini», el «ponte guapa», el «cuidado con no parecer descuidada». Como si la estación del descanso viniera acompañada de un examen constante sobre nuestros cuerpos y conductas. Vivir el verano en igualdad significa empezar por soltar esas cargas. Entender que no necesitamos tallas imposibles para disfrutar de la playa, ni maquillajes obligatorios para bailar en una verbena. Que el verano no es una pasarela, sino un tiempo de libertad. También es cuestionar la forma en que se reparten los tiempos. ¿Quién prepara maletas, comidas, cremas solares? Muchas veces, mientras unos descansan, otras sostienen la logística invisible del verano. La igualdad también se juega ahí: en que las vacaciones sean de verdad para todas las personas, no solo para algunos. En los pueblos, el verano es época de regreso y reencuentro.
18/07/2015 