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- Conferencia con una pera berciana
Parida de una Conferencia que acabó dándole apellido, la pera berciana tiene una virtud en la que coinciden defensores y detractores: es auténtica. Como el propio Bierzo. Suena a reunión de señores con corbata, a carpetas llenas de papeles. Pero aquí, en este verjel berciano, Conferencia significa otra cosa: Pera. Una de las nuestras que acaba de alcanzar la mayoría de edad europea con la concesión de la Denominación de Origen Protegida. Y no ha sido una carrera corta. La pera berciana lleva años demostrando lo que vale. Lo ha hecho sin campañas estridentes ni grandes titulares como se suelen hacer aquí las cosas importantes. Primero fue Marca de Garantía. Después llegaron los reconocimientos, los mercados y la convicción de que aquello que nacía entre las laderas bercianas tenía algo diferente. Algo que no podía copiarse ni fabricarse en otro sitio. Y es que, las denominaciones de origen no se conceden por simpatía. No son un premio de consolación sino la certificación de que un producto per - Julio, el Pícaro
La picaresca es un género literario que le va bien a un tipo de leoneses, de los cuales tan solo voy a nombrar a dos: Julio Llamazares, el escritor de Vegamián, y AnGLillo, el de Cármenes , fundador de los Filósofos de lo rural sin obra publicada (FruralSOP) muy estudiado por Fulgencio Fernández (Pícaro camuflado de «soltero y entero» hasta que se topó con la Pepa, su Contraria). El motivo es celebrar que una de las obras de Julio Llamazares: «El entierro de Genarín,« haya sido «musicado» por Martín Moulín en forma de opereta, o como los expertos la llamen y que, a partir de ahora, los aficionados a la ópera bufa, tan abundante entre los grandes músicos europeos, podamos degustar una que nos afecte en directo y con todas sus consecuencias. Entre la tan extensa , y excelsa, sociedad de los escritores leoneses , hablando de la picaresca se suele citar a «La pícara Justina» como antecedente a degustar; aunque para el cronista hay otros como el Padre Isla, su paisano, que no se quedan atrás: Per - Gracias por una visita tan oportuna
La visita del Papa León XIV a España ha dejado muy buen sabor de boca tanto a los españoles como al ilustre visitante. Ciertamente, ha sido para muchos una más que agradable sorpresa. Era inimaginable que nuestros políticos lo escucharan con tanta atención en una sede parlamentaria tan acostumbrada a broncas y polarización, y le dieran tan largo aplauso, a pesar de que a unos y a otros les dijo cosas que quizá no fueran agradables a sus oídos. Tal vez se quedaba cada cual con lo que más le favorecía y dedicaba al adversario lo que intuía que iba contra él. Pero, sobre todo, la forma de decir las cosas del Papa, con delicadeza, con argumentos razonables, con verdadera autoridad moral, con valentía y con la seguridad de una persona muy bien formada, y al mismo tiempo humilde, justifican con creces la reacción de los parlamentarios. Otra cosa es que le hagan caso, pero algo se habrá de notar. En realidad el Papa no ha dicho nada nuevo que no hayan dicho sus predecesores o que la Iglesia no proclame e - Días de calor y refrescos
Son días en los que cambiamos el saludo habitual de los bueno días, o el hasta luego, por el de ¡chico, que calor hace! La verdad es que los que somos mayores, por ser benévolos con la expresión, conocimos aquellos veranos tórridos en que el aire condicionado creíamos que era un viento llegado de la montaña y que aquí se transformaba con unos ventiladores que hacían el ambiente más llevadero en los hogares y demás lugares habitables. Las barras de hielo adquirieron un protagonismo notable en aquellas neveras que proporcionaban frescor en las bebidas y refrescos que por entonces se consumían, tanto en los bares como en los hogares. Por los años 50 y 60, antes de popularizarse entre la ciudadanía los frigoríficos, el calor se combatía con las citadas barras de hielo que normalmente se vendían por los repartidores de gaseosas, normalmente en carros de tracción animal, o en la famosa y útil "isocarro" o motocarro, como así se les conocía, popularizada para el reparto y venta de los diferentes ar - Cartas a Louise Colet (II)
Seguimos con las cartas que Gustave Flaubert escribió durante unos años a su amante Louise Colet en lo que nos interesa para la escritura. Para él, a pesar de las dificultades, escribir es algo delicioso, "el no ser ya uno mismo, sino el circular en medio de toda la creación de lo que uno habla". Cuando tiene "estos goces", se siente tentado a elevar "una plegaria de agradecimiento a Dios, si supiera que puede oírme". Las dificultades proceden de la falta de orden: "Si te empeñas en un giro o una expresión que no llega, es que no tienes la Idea. La imagen, o el sentimiento bien claro en la cabeza, trae la palabra sobre el papel. Lo uno dimana de lo otro". Pero el arte exige sacrificio, esfuerzo: "La perla es una enfermedad de la ostra, y el estilo, quizá la supuración de un dolor más profundo". El verdadero poeta, dice, es un sacerdote: "En cuanto se pone la sotana, ha de abandonar a la familia. Para sujetar la pluma con brazo firme, hay que hacer como las amazonas, quemarse todo un lado del corazón".
22/06/2010 