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- El hombre-motosierra ataca de nuevo
La nueva aparición de Milei en España podría tildarse de excesiva y surrealista, pero ya conocemos el paño. El hombre anda por ahí insultando a Sánchez y repitiendo frases más bien pueriles contra los que él llama zurdos, imagino que en plan despectivo, y a eso ya estamos más que acostumbrados. Con esos bueyes hay que arar, etc. En Argentina, también. No es Milei el problema, aunque pueda ser el síntoma. Alumno aventajado de Trump, con el que comparte entusiasmo palabrero, en la línea de lo que popularmente se denomina aquí un completo bocachancla, casi se podría decir que ya lo ha adelantado (por la derecha, claro). Trump cotiza ahora a la baja en el panorama electoral de los USA y en el ranking global de lideres autoritarios, desesperado por no naufragar del todo en las elecciones de medio mandato que están a punto de celebrarse. Trump no tiene quizás aquella energía de sus inicios, o eso me parece, por más que siga con sus ocurrencias cerriles de vez en cuando. Pero Milei, ah, Milei parece mu - Diálogos con el pasado, 7 (El Tío Pío de Valdehalcón)
Dialogar con el pasado, a veces, puede resultar entretenido, incluso evocador. Cuando la madre del cronista, que dijo siempre ser de Valdehalcón y resultó ser de la Ercina (pero esa es otra y no esta de hoy) le contaba a su pequeño hijo, este cronista de hoy, las historias del tío Pío con el cura Don Zacarías, ella no se daba cuenta, pero, en realidad, resultarían tan determinantes para su forma de ser como los largos viajes de los héroes o las hazañas de los conquistadores de ultramar. Ella parecía identificarse con aquel pequeño sabio rural, como Homero con Aquiles, y recitaba una y otra vez las palabras sagradas que se intercambiaban sus dos héroes, el cura Don Zacarías y, su vecino, el tío Pío de Valdehalcón. Cuando, los domingos y fiestas de guardar, Don Zacarías, a media Misa, desde el púlpito, le lanzaba retos al paisanín para que se los resolviese, en el patio, al terminar, delante del público en general y de alguna soltera de buen ver, de las que decía el tí Pío: «Moza buena y gua - Donde los lobos habitan
Hay un instante, en algún lugar de la Cordillera Cantábrica, en que el bosque parece contener la respiración. La niebla se demora entre las hayas, el agua desciende por las raíces de los robles y una presencia invisible atraviesa el silencio. Puede que sea un lobo. Puede que solo sea su recuerdo. En estas montañas, ambas cosas se confunden desde hace miles de años, porque el lobo pertenece al paisaje tanto como la nieve a las cumbres o el musgo a las piedras. Antes de que existieran los pueblos, las lindes y las administraciones, ya estaba allí, recorriendo los mismos valles donde nuestros antepasados aprendieron a encender el fuego. El lobo es nuestro antiguo compañero de intemperie. Un alter ego de lo humano, una criatura que también conoce la familia, la cooperación, el miedo, el hambre y la necesidad de proteger a los suyos. Quizá por eso hemos mantenido con él una relación tan contradictoria. Lo hemos admirado y perseguido, convertido en leyenda y condenado como alimaña. Nos fascina su libertad - La vida sigue
Frente a la rotundidad del título del artículo de hoy, que podríamos calificar de obviedad o perogrullada, cabría hacer un pronunciamiento cuasi rotundo: ¡sí, la vida continúa!, a pesar del dolor o, a veces, del alivio que supone despedirse de personas que, por la razón que fuese, ya no forman parte de nuestra vida. A partir de aquí comienzan las ausencias que se notan en los detalles: la silla vacía, el móvil que ya no suena, (del fijo no sabemos el número, ni lo cogemos), el recuerdo de la charla inacabada o esa comida programada con tiempo durante la cual se hablaba de algún ancestro, y del pasado, eso seguro, y de sabores perpetuados en mitad del alma. Lo grave es lo que viene después de la partida, ya que, en ciertos casos, se abre un abismo, una herida lóbrega, que poco a poco se convierte en compañía silenciosa. Nos agarramos a un principio bastante básico: el tiempo lo cura casi todo. Pero no, el tiempo tan solo cura amores tempranos o pasajeros, de una noche de vino y rosas, no la ausen - El Bierzo explora los beneficios de los baños de bosque para las personas con alzheimer
¿Puede un paseo consciente entre árboles dejar huella en una persona con alzheimer? En El Bierzo se ha inicio un proyecto que pretende dar respuesta a esa pregunta uniendo la terapia forestal de los baños de bosque, la atención a personas con deterioro cognitivo y el seguimiento de un equipo multidisciplinar. La iniciativa se llama Del bosque a la ciencia y está impulsada por la Asociación Bienestar Bierzo, en colaboración con AFA Bierzo. Durante seis semanas, entre julio y agosto, seis personas usuarias de esta última entidad participaron en sesiones guiadas en espacios naturales de la Reserva de la Biosfera de los Ancares Leoneses. Una experiencia que ha llevado el cuidado más allá de los espacios habituales de atención para observar qué puede aportar el entorno natural al bienestar de quienes conviven con el alzheimer en fases iniciales. Los primeros resultados se presentaron en el Palacio de Canedo, durante el III Congreso MICE Rural de Bienestar, organizado bajo el lema Naturaleza que Cuida. Entr
24/10/1965 