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- No ganamos nada
En realidad, no ganamos nada. El pedazo de alegría que nos regaló la selección española de fútbol el domingo te va a cambiar -nos va a cambiar- poco o nada la vida. Esa segunda estrella que podemos lucir orgullosos no repercute directamente en ti… No supondrá un aumento de sueldo, ni una mejor gestión del tiempo que te permita disfrutar más de las cosas o que veas más a tus amigos, ni tampoco hará tu día a día más fácil o menos pesado. No, insisto, no ganamos nada.Seguir leyendo ... - Cuando la derrota derrota al deporte
La gloria deportiva no consiste únicamente en conquistar títulos; también consiste en conservar el honor cuando los títulos se escapan en buena lid. Hay campeones que levantan una copa; pero los verdaderamente grandes levantan también el respeto de sus adversarios.Seguir leyendo ... - Mirando hacia atrás
Me desperté recitando una poesía de Gabriel y Galán que aprendí en el Seminario: «Tarde era de Jueves Santo, tarde triste y amarilla, llena de miedo y de llanto, cuando van por maravilla las mujeres con mantilla y los obispos a pie. Como lo quiere la fe y lo dice el catecismo, el señor obispo mismo con su capa y su muceta, tronco de raso violeta con verdes borlas de flores, del anillo pastoral luciente la pedrería, por el callejón venía de junto a la catedral, por el callejón de oro donde, blancas gaviotas, niños jugaban al toro con trozos de velas rotas, ¡el obispo! Y Chavo y Diego y Felipe el de las flores. Niños de los pescadores que aún en las fiestas mayores han de salir a la mar, roto el juego se han quedado con este gesto iniciado, lleno de gracia y donaire, que va a correr y no corre, cigüeñitas de la torre con una pata al aire. Alza el obispo la vista, traza una cruz, de amatista su guante, mientras dice un latín enrevesado y así los juegos bendice que en el aire se han quedado…» Ya - Ruido de fondo
Resulta paradójico, además de indignante, que uno de los problemas más graves y persistentes de la España contemporánea -la corrupción sistémica- esté perdiendo peso específico precisamente por su propia omnipresencia. Lo que antes representaba un escándalo mayúsculo se ha convertido, a fuerza de repetición y tratamiento sensacionalista, en mero «infotainment»: un contenido más entre tantos, consumido con la misma ligereza con que se cambia de canal en una sobremesa dominical.2 HACE NO TANTO TIEMPO, una sola imputación, una sola fotografía comprometida o una sola sentencia firme bastaban para hacer tambalear gobiernos enteros. En legislaturas anteriores, casos como Filesa, Gürtel, ERE, Nóos o los papeles de Bárcenas ocupaban portadas durante meses, provocaban dimisiones, mociones de censura y cambios de ciclo político. La sociedad reaccionaba con una indignación que parecía genuina. Hoy, en cambio, una cascada casi ininterrumpida de casos -Koldo, Ábalos, Cerdán, Zapatero y los que vendrá - Opinions
Vivim en una societat on les opinions es consumeixen com si fossin espaguetis. Un reportatge recent a «El Mundo» calculava que a Espanya s’emeten cada dia una cinquantena d’hores de tertúlies televisives. Si hi afegim la producció incessant de judicis sobretot allò humà i diví que aboquen les xarxes socials, el resultat és una autèntica sobreabundància d’opinions.Seguir leyendo ...
17/10/1975 