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- Cuando incomodar al poder tiene coste
No nos engañemos, gran parte de la clase política es de gatillo fácil y descuelga el teléfono para ajustar cuentas y liquidar, metafóricamente hablando, a personas que, por el motivo que sea, les incomodan. Que estas llamadas se hagan para fulminar a un compañero de partido no me preocupa. Tampoco voy a decir que disfrute con tal hecho, pero allá ellos. Lo que sí me indigna es cuando un político o sus chacales a sueldo llaman para que corten la cabeza a un periodista que les incomoda. Llamadas de este tipo las ha habido siempre y, lamentablemente, seguirá habiéndolas. Además, estas maniobras mafiosas no entienden de ideología, unos y otros utilizan las amenazas para intentar tapar bocas y apartar a periodistas que no hacen otra cosa que su trabajo. El último ejemplo ha sucedido esta semana, cuando varios medios publicaron que desde el Ministerio de Asuntos Exteriores se había llamado a la dirección de Europa Press para pedir que apartaran de sus funciones a una periodista que recriminó al ministr - Ladran, luego insistimos
De Trump, Gaza, Cultural Leonesa, incendios veraniegos, minería, premio Planeta, leonesismo, Monoloco, trama eólica… o setas en primavera. Hasta de Sánchez y ZP. Puedes escribir de cualquier asunto que nadie va a reaccionar, mas si lo haces sobre los perros urbanitas debes saber que no llevarás frío, cuenta con ello. Algunos te querrán linchar, no importa, tú insiste una vez, sólo una vez más, y déjalo ya. Me agradan los perros, más que ningún otro animal. Tengo dos, ¡en el pueblo! Me gustan en la huerta, en el campo, en la finca, en el monte. No los quiero en un piso, encima del sofá, en el bar o en El Corte Inglés. No pintan nada ahí. Con ciertas mascotas aceptamos concesiones que no sirven para otras. Dije (y argumento) que estamos confundiendo animales domésticos con animales de compañía: la vaca también es animal doméstico, nadie tiene una en su apartamento, no es su sitio. Perdón, salvo Nisio el de Voznuevo, quien (según contaba el Goddo, que alquiló al lado una casa todo un verano - Una auténtica declaración
Confieso que hoy acudo algo nerviosa a la cita. No es un sábado más. ¿Sabes que cada encuentro supone un reto nuevo? ¿Una nueva manera de acercarme a ti a través de estas palabras entre las que siempre aparece el temor a dejar escapar algo que pueda incomodarte? Escribo hoy desde la profunda gratitud porque tú me estés regalando estos minutos eligiendo este instante frente a otras alternativas. Que tus ojos se posen sobre estas letras… sobrecoge… Hoy el calendario impone su caprichos. Y no querría caer en el tópico manido de hablarte de los corazones y las rosas carmesí que quizás alguien te regaló o tú hayas enviado. O el de refugiarme en algún poema, por mucho que quisiera regalarte «la voz a ti debida» en la altitud de los pronombres de Pedro Salinas, aunque en el latido del poeta del amor podamos celebrar la alegría de enlazarnos en un instante donde la hondura poética nos eleve. Te acercas hasta aquí para reposar en reflexión sobre temas que nos encantan. Y en este momento somos «muc - Vestir, hablar, vivir: el derecho a ser sin ser juzgada
Una falda corta, un escote, un pintalabios rojo. Una risa fuerte, una voz que no se esconde. Un acento marcado, un cuerpo que no encaja en los cánones. Basta cualquiera de estas cosas para que aparezca el juicio: «va provocando», «es una mandona», «qué ordinaria», «qué descuidada». Nos juzgan por cómo vestimos, por cómo hablamos, por cómo caminamos. Y no solo los hombres: también entre mujeres hemos aprendido a mirarnos con esa lupa que no perdona. El patriarcado se alimenta de esas pequeñas censuras que acaban moldeando nuestra libertad. Durante siglos, el mandato fue claro: no destacar, no llamar la atención, no desentonar. En los pueblos, todavía resuena el eco de «qué dirán» que podía pesar más que cualquier cadena. Muchas callaron su forma de hablar, se vistieron como se esperaba, ocultaron sus deseos. Y lo hicieron porque sabían que salirse del guion podía costar caro. Pero el derecho a ser sin ser juzgada es uno de los pilares de la igualdad. Vestir lo que queramos, hablar como no - El Calecho, confianza y cercanía basada en productos de León
Está ubicado en uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad y es uno de los bares de confianza de los leoneses. El Calecho es sinónimo de tradición, de cercanía, de confianza y de calidad. Es de esos sitios a los que se va sabiendo que lo que se va a recibir va a ser, como mínimo, bueno. No es fácil destacar en la Plaza de San Martín, pero la decidida apuesta que lleva haciendo desde hace 11 años le ponen como uno de los negocios que no pueden faltar en una ruta de bares por León. La quintaesencia de este restaurante se descubre, primeramente, por su nombre, pues rememora al 'calecho', que es una forma muy leonesa de denominar a las reuniones sociales y vespertinas en los pueblos de las zonas de Babia y Laciana. En este sentido, El Calecho es sinónimo de León. Basta con una frase de su dueño, Jorge Alonso, para confirmarlo: "Buscamos sobre todo producto de León y de temporada para hacer cocina tradicional, pero dándole una vuelta". Y si el propio nombre da cuenta de ello, la carta no se queda
25/11/2002 