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- La borrasca Figaredo
Era una mañana de mierda en Cubillos del Sil y vino José María Figaredo, portavoz de Vox en materia económica y presupuestaria en el Congreso de los Diputados, a nublárnosla un poco más. Devorado ya completamente por el personaje, todo en su hiperbólica puesta en escena sorprende por contradictorio, ese mal de la política que a su partido, instalado en la bronca y sin asumir responsabilidades, de momento no le echan en cara sus votantes. Sorprende, en primer lugar, su desfase trisecular: un joven nacido en 1988 vive atrapado en un señor nacido en 1898. Sorprende ese aire de intelectual, cuando menos de individuo reflexivo, que se desvanece en cuanto abre la boca, doblando siempre cada una de sus descabelladas apuestas. Sorprende, confieso, que las barbaridades que dice no vengan de una voz torrencial sino, más bien, todo lo contrario. Quizá lo uno por lo otro y eso lo explica todo. Sorprende que parezca siempre enfadado con el mundo cuando, en realidad, se está riendo de todos nosotros. En la mañana - Esperando el fallo
A menudo me pregunto de dónde viene toda esta mala hostia. Estamos a la que salta para enmendar la plana a alguien o ponerlo en ridículo (el celebrado «zasca») si no es de los nuestros, si no piensa como nosotros, si tenemos alguna cuenta pendiente o sencillamente por el mero capricho de prevalecer. Algo de tanta inquina debe resultar de que estemos vertiendo todo lo que hacemos/pensamos/vivimos o no hacemos/pensamos/vivimos en entornos públicos que lo exponen al juicio ajeno en las redes digitales (¿sociales?). Nos percatamos en ellas de varias certezas dolorosas: ni somos especiales ni lo que nos pasa es singular ni merece la atención que desearíamos tuviera. Y más aún, que los demás se lo pasan mejor, son más especiales o más afortunados, una falsa sensación provocada por visualizar tanta supuesta felicidad y atribuirla a un mismo individuo colectivo cuando se trata de infinidad de ellos y, sobre todo, se trata de ficciones, de algo expuesto para ser admirado. Postureo, al fin. Otro indudable mot - «Hambre pasarás... pero cariño»
No me voy a meter en un charco, o seguramente sí, pero te animas porque como tengo madreñas y además encontré en la tenada unos chanclos que me habían traído los reyes en casa de mi padrino Pepín, el de la tienda dios lo tendrá a su lado, pues como que te vienes arriba. Por cierto, que mira que era sabio Pepín, que cuando me regaló los chanclos pensé, «este cabrón, unos chanclos, unos años me trae calzoncillos —marianos, eso sí—, otro año unas chirucas, ahora unos chanclos». Y venga a reburdiar, si llego a saber la ilusión que me iban a hacer cincuenta años después no habría maliciado nada contra él. No dejo de pensar qué dirán en León o su alfoz cuando entre a La Raya II o al Robles y me vean con los chanclos. Fijaros que fui a jugar la partida ayer donde Marga y la mi Sandrina y al verme ya dijo Jaimito: «Ostia, ahora viene en chanclos, tiene poco con las madreñas que ahora trae chanclos, como si estuviera él para hacer resbaleras». Y eso en mi pueblo que los Filósofos de lo Ru - Santiago Macías: "No se puede poner la ciencia y el conocimiento al mismo nivel que la barbarie intelectual"
Hay 1.200 nombres de muertos que no están. La historia les dio un bandazo de masacre y desaparecieron de registros, de memorias, pero no de todas. El historiador Santiago Macías, que se ha encargado, desde hace 30 años, de desempañar esas identidades que un régimen y un tiempo dejaron aparcadas en las cunetas, quiere ahora inmortalizarlas en el papel. El que fuera uno de los fundadores de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica lo hará con los 13 de la fosa de Priaranza, aquella foto que golpeó a una sociedad que había cerrado los ojos a un pasado que sí movía molinos. Pero lo hará también en un trabajo enciclopédico con cada una de las víctimas, tal vez por historia, seguro que por justicia y, sobre todo, por un estímulo propio de conciencia y ayuda. Lo lleva dentro, como la historia que le contó su abuela Teresa de Jerónima y el pequeño Fernando, asesinados por ser mujer e hijo de un sindicalista escapado. Ese tatuaje de dolor y muerte es lo que quiere revelar. -Hace 26 a - De fronteras y cigüeñas
Hoy quería hablar de cigüeñas y recordar de nuevo la sensación de primavera que producía aquel sonido tan esperado una mañana cualquiera de febrero. Tengo contado que el crotoreo llegado desde lo alto del chopo y el siseo de las bandadas de golondrinas llegando al pueblo, eran los sonidos precursores de una primavera en ciernes, hasta que el estruendoso carromato de Ciriaco el hojalatero, confirmaba que la primavera había llegado oficialmente. Pero este año las emociones andan revueltas porque la palabra migración, tan bonita si se asocia a esos pájaros planeando sobre el pueblo, ha cogido un regusto amargo si va asociada al humano. Siempre vimos como algo natural los ires y venirles de unos y otros, como parte del equilibrio de los ecosistemas. De la misma forma que veíamos marchar y regresar a las merinas, siempre por motivos de temperatura y en busca de alimentos, como han hecho millones de humanos desde que el mundo es mundo. Supervivencia, se llama. Ruedan tan rápido las cosas que estaba casi olv
06/09/2001 