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- Adiós gigantes
La grandiosidad, cuando eras niño en El Bierzo, se dibujaba en forma de chimeneas. Eran las de Compostilla, que gobernaban el paisaje desde Ponferrada hasta Cubillos, las que marcaban ese vuelo por encima de los cielos que parecía imposible cuando te acercabas a ellas. Endesa las había integrado en el paisaje, acercando a los colegios para que vieran cómo se generaba energía desde ellas. Te ponían un casco para pasear por una estructura que, desde dentro, se agigantaba aún más y parecía que todo aquello era el discurso del nido de la modernidad industrial. Al lado, para desatascar ese nudo panorámico del carbón y el humo, Endesa había integrado una especie de zoo, en el que acababan las visitas: algún corzo, un jabalí… que se sacaban la foto con los 200 metros verticales de unas chimeneas que se pintaban con una bandera rojiblanca para no engañar a las nubes, que a veces quedaban debajo de ellas. Éramos niños y las chimeneas no. Y Endesa sabía que aquella venta educativa generaba amistad con u - Feve, Emperador, y seguimos
Todos los sábados, un nutrido grupo de gente, seguidores inalterables del tren de la Feve (a mi me sigue gustando el de Matallana), entre los que me encontraba en compañía de los amigos Javier y Lola, manifestándolos en las cercanías de la Estación, en confluencia de Renueva con Padre Isla y Suero de Quiñones, para mostrar nuestro desacuerdo ante la idea de tapar las vías y así, si te he visto no me acuerdo, porque ya sabemos que como dice el refrán de los muchos que ilustran nuestro refranero popular, «prometer hasta meter, una vez metido, nada de lo prometido». La idea del enterramiento viene propiciado por el Ministerio de Trasportes con una inversión de 2 millones de euros para sustituir el trazado ferroviario por un vial para autobuses eléctricos que continúen el trazado ferroviario que los críticos interpretan como el enterramiento o eliminación de la vía física, para dar paso a otros usos, evitando que el tren pueda llegar al mismo centro de León, algo que difícilmente puedan tener otr - Mi carpeta roja de Escritura
Tengo cinco carpetas de diferentes colores en un armario de mi habitación etiquetadas con los temas que me apasionan: la inversión financiera, el comportamiento humano, la ética, la espiritualidad y la escritura. En cada una de ellas voy archivando resúmenes de libros y artículos, entrevistas que he recortado de cualquier sitio, apuntes sobre enlaces de páginas webs o nombres de 'podcasts' que me han resultado curiosos, me han abierto los ojos o incluso que me han generado perplejidad: «¡Ahí hay algo! ¡Tengo que investigarlo!». En esta nueva etapa de mi vida, más pausada, más intelectual y menos enfocada al asesoramiento financiero, quiero compartir con los lectores de LNC el material con el que voy enriqueciendo día a día mi carpeta roja de Escritura. Desde ahora –de pensarlo, decirlo y publicarlo me emociono– voy a escribir casi siempre de escritura y de manera sistemática. Y lo hago, sobre todo, por egoísmo, porque con este compromiso semanal me obligo a evolucionar, a estar al día: compa - Cabreados
Últimamente, la sensación de cabreo es bastante generalizada. No faltan motivos para ello. Personalmente no puedo menos que experimentar un gran cabreo tras comprobar cómo se ha destruido hace muy pocos días en el Bierzo parte importante de su patrimonio industrial con el derribo de las emblemáticas chimeneas de la Central Térmica de Cubillos del Sil. Es negar a las futuras generaciones la posibilidad de tener un recuerdo de una etapa importante de la historia de su pueblo. Es como si alguien hubiera hecho desaparecer la huella de una de las minas de oro más importante del Imperio Romano: Las Médulas. O como si hubieran derribado el ponferradino castillo de los Templarios. Algo semejante a lo ocurrido con la torre Eiffel, construida para la Exposición Universal de 1889, creada con la intención de desmontarla pasado algún tiempo, porque era considerada como un pegote para la ciudad de París. Menos mal que hubo gente sensata que lo impidió. La demolición de las chimeneas nos recuerda a los talibanes c - El elefante en la habitación
El malestar generalizado aumenta dentro de una sociedad enjaulada por el hartazgo y el descontento, hasta un punto en el que se empiezan a normalizar situaciones y sucesos que tendrían que ponernos los pelos de punta. Algunos colectivos salen a la calle manifestando este sentimiento con reivindicaciones tan legítimas como ignoradas, la lista es cada vez más larga. Sanitarios, agricultores, ganaderos, profesores, maquinistas de trenes… Ciudadanos tratando de no terminar ahogados en medio de una marejada provocada por trabajos inestables y precarios, por la imposibilidad de acceder a una vivienda digna, por esos precios que no paran de batir récords… Desbordados de rabia e impotencia contemplando el desmantelamiento de los servicios públicos y el maltrato que reciben, cuando se supone que el dinero que se recauda con los impuestos debería ir destinado a mantenerlos y reforzarlos. Parece que nos hemos quedado atrapados dentro de un círculo vicioso complicado de romper. Cada vez nos llaman menos la atenci�
26/05/2000 