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- El quiosquero leonés que compraba la prensa en Madrid
Pablo Fernández cerró su quiosco hace ya tiempo. Tuvo que reinventarse. Unos transformaron sus tiendas de prensa en almacenes de paquetes de Amazon; él prefirió otro mercado más en el que también se intercambian prebendas: la política. Si sus colegas quiosqueros se llevan una ridícula comisión por cada envío que custodian, él se lleva un buen mordisco por aceptar los paquetes argumentales que le manda su partido. Ha sido el más listo de la clase. De vender periódicos ha pasado a ocupar sus portadas. A decir verdad, no fui mucho a su casa de papel prensa. Tan solo recuerdo haber ido una vez a comprar chuches, esas que Rajoy dijo que estaban muy caras por el IVA de Zapatero. Ahora, por culpa del gobierno progresista que Pablo Fernández apoya entre bambalinas, costarían más, por cierto. Si tuviera que comer de lo que vende en su negocio, se daría cuenta. Hace tiempo que cambió el toldo del quiosco por el palio. Siempre me he preguntado qué tendrá la droga de la política que es tan difícil de de - Diálogos con el pasado - 2
Si hay un tiempo propicio a la reflexión sobre lo distinto que es vivir en una ciudad o en una aldea es este del final del verano, cuando la mayoría regresa de sus vacaciones, tras un corto tiempo de convivencia con, familia o no, campesinos anclados en un mundo cada vez menos habitual. (La «España vaciada» al común decir) Este cronista, entretenido en la lectura de «Biografía del silencio» de Pablo Dors, en el que afirma que «El hombre empieza a vivir en la medida en que deja de soñar consigo mismo» hace tiempo que debe estar viviendo porque de quien menos necesita es de «sí mismo». Por eso, y por haber nacido en una aldea y haber vivido en ella la niñez y la juventud, vuelve a menudo sobre la eterna diatriba de la corte y la aldea que tan bien dibujó el obispo de Mondoñedo, Don Antonio de Guevara, en su afamado libro de 1539 «Menosprecio de la corte y alabanza de la aldea» Qué curiosas semejanzas de aquellos tiempos y estos. Un capítulo se titula: «Que en las cortes de los príncipes todo - El otoño es una hoja de arce
No sé si la suavidad del otoño podrá compensarnos por la dureza del último verano. Eso en el caso de que el otoño se comporte y vuelva por sus cauces (ahora, el agua tiende a ir más bien por fuera de ellos). Al calor inclemente, que aún continúa, se suman las grandes tormentas feroces, las granizadas imprevistas, las inundaciones consecuentes. En fin, no pasa nada, dicen algunos. El clima siempre fue así, arguyen, calor en verano, frío en invierno. Pero no es cierto: las cosas no están igual, y la ciencia lo explica. Negarse a la evidencia del cambio climático es tanto como negar la claridad del día o la oscuridad de la noche. Resulta graciosa tanta negación. Pero qué esperar, si vivimos en una época en la que algunos piensan que la Tierra es plana. Hemos necesitado 21 siglos de civilización moderna para abrazar la ignorancia y sentirnos contentos con ella. Daría risa, si no fuera una tragedia. Todo esto no sólo afecta a la negación de los efectos de la mano del hombre en el clima. Empieza a a - Ceuta
Me cuenta el propietario de una agencia de viajes que el personal no quiere viajar a Marruecos. Los habituales destinos de Marrakech, Casablanca, Fez, las montañas del Atlas o las rutas por el Sahara han caído en picado, cuando no han sido canceladas las reservas. No es de extrañar dado lo que está ocurriendo en Ceuta. Conozco Ceuta desde que viajé con mis padres siendo un crío. Recuerdo la multitud de tiendas y el regateo con los precios. Después, en la época universitaria, la visité unas cuantas veces porque allí vivía uno de mis mejores amigos. Traíamos de Marruecos espejos, cazadoras de cuero y otros objetos decorativos para ganarnos un dinerillo. Se vendían como rosquillas. En una ocasión, durante unas vacaciones, llegamos a poner un puesto de venta en el rastro dominical de la Plaza Mayor. Hoy nadie va a comprar a Ceuta. Lo que allí está sucediendo es lamentable en todos los sentidos. La demostrada incapacidad para la gestión de la situación de nuestros dirigentes políticos no tiene paran - Pepe Cachón, el último carrero de Rodanillo que conserva la memoria de un oficio centenario
Hay pueblos que guardan su historia en los archivos y otros que la conservan en la memoria de sus vecinos. En Rodanillo, esa memoria tiene nombre propio: José 'Pepe' Cachón Álvarez, el último gran maestro carpintero de carros y el último carrero vivo de la localidad. A sus 92 años, representa el vínculo más directo con un oficio que durante generaciones definió la vida y la identidad del pueblo. Su historia comenzó pronto y estuvo marcada por la adversidad. Cuando apenas tenía diez años perdió a su padre y, cuatro años después, emprendió el camino hacia Folgoso de la Ribera para aprender el oficio de carrero. Allí pasó cuatro años formándose con un maestro que, curiosamente, había sido alumno del propio padre de Pepe, como si el legado familiar encontrara una manera de continuar. De regreso a Rodanillo, siguió perfeccionando su técnica trabajando junto a los maestros Juan Antonio y Camilo padre. Con solo 22 años decidió abrir su propio taller y comenzar una etapa que él mismo recuerda co
15/12/1997 