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- El abuelo Braulio
Soy consciente de que el dolor de una madre que pierde a una hija, un ángel de seis años, es algo imposible de imaginar, de superar... He hablado con muchas madres que detuvieron su vida aquel terrible día. Soy consciente de que a unas almas blancas como las de Gloria y Saúl —es muy difícil imaginar dos almas más puras y buenas—les va a quedar una cicatriz eterna. Se que las abuelas lloran para adentro, que duele aún más, pues saben que lo suyo es apretar los dientes y seguir, va en su genética de luchadoras... Pero es imposible que se me borre la imagen de Braulio, el abuelo, al que un día bauticé como El Lugareño, cuando decidió regresar a la montaña, vivir en ella, disfrutarla y hacernos disfrutar a todos de su bonhomía. Pero, sobre todo, a los niños. Su restaurante en Almuzara era el paraíso de todos los niños, el abuelo de todos —se de lo que hablo—que cogía de la mano según entraban para subirlos encima de los mastines, contarles historias fantásticas, hacerles dibujos de quien - Consenso
Estos días de tardoverano me ha tocado jugar con el pequeño David al parchís, que él llama ludo, como en Chile. El cabroncete me ganó siempre, aunque en alguna ocasión, me enterneció su encanto cuando yo no huía lo suficientemente rápido de sus fichas y éstas terminaban comiéndose a las mías, o cuando él no contaba del todo bien y yo lo dejaba pasar. Pienso entonces en cuando yo tenía su edad y me ponía 'trampilleiro'. Una victoria que no servía para nada, que no te hacía sentir mejor sino peor, con ese regusto químico de la trampa que se parece mucho al de la mentira. Cuento esto porque llevo unos días dándole vueltas a unas declaraciones de Katherine Maher, la directora de la radio pública norteamericana NPR, que decía algo así como que nuestra reverencia por la verdad se había convertido en una distracción que nos impide alcanzar consensos y hacer cosas importantes. Lo decía, además, con esa entonación tranquila y bienintencionada de quien está convencido de estar diciendo algo raz - Personajes de nuestra histeria 10: Verano
Doscientas cincuenta y una horas de coche, cero de avión (al fin), una y media de barcaza y sesenta y ocho de bicicleta. Pasos sin cuantificar. Siete playas distintas, nueve visitas culturales, una piscina, tres chiringuitos, once sablazos, tres abusos de precio y dos de autoridad, cinco broncas ordinarias, dos extraordinarias y una categoría premium. Cuarenta y ocho intentos de siesta, veintidós exitosos, el resto amagos de distinta e irritante duración. Un conato de desmayo y otro de insolación. Catorce despertares en plena noche a causa de vehículos a motor carentes de silenciadores o en modo carrera ilegal. Cincuenta y cinco gritos y risas estrepitosas entre las dos y las cuatro de la madrugada desde la calle con resultado de mecagoentusmuertos desde la cama. Bonus track: instalación provisional (tres semanas) de una chapa metálica de gran sonoridad y riqueza de armónicos en orificio de la calzada. Treinta y nueve cervezas, de ellas veintisiete en terraza, veinticinco de las cuales bien acompañado, - 'La buena hija'
Una de las sorpresas del pasado Festival de Málaga fue 'La buena hija', que, a pesar de no alzarse con ningún galardón, llamó la atención de la crítica en un certamen donde suelen presentarse algunas de las candidatas más potentes de cara a los premios Goya. Este año, por ejemplo, también han pasado por el festival 'Yo no moriré de amor', de Marta Matute, o 'Calle Málaga', de Maryam Touzani. Un panorama que evidencia el buen momento que vive el cine realizado por mujeres en España, pues a los nombres anteriores habría que añadir los de Carla Simón, Alauda Ruiz de Azúa, Pilar Palomero, Arantxa Echevarría o Jaione Camborda, entre otras directoras dotadas de personalidades muy distintas y capaces de hacer películas profundamente diferentes. Cineastas unidas quizá no por una sensibilidad única —sería absurdo reducirlas a una mirada homogénea—, sino por su capacidad para dirigir la cámara hacia lugares, experiencias y personajes que durante demasiado tiempo habían ocupado una posición secu - Esencia
Esencia. Quizá, justo de eso mismo, es de lo que están construidas las almas de aquellas personas que observan el mundo desde los ojos de la poesía y la literatura más sensible. Marien del Canto es una de esas plumas, una de las que nos llevan hasta ese momento, hasta ese instante, donde la belleza se busca no solo en lo que cuentas, sino también en cómo lo cuentas. Es la primera vez que os voy a hablar de ella. Es la primera vez que, a través de estas páginas, os acerco a una de las autoras leonesas que, a día de hoy, forma sin duda parte del protagonismo de las letras. Precisamente Esencia es el título de su último libro. Título que, por cierto, no podía ser más que acertado. En su parte inicial os encontraréis con un prólogo que da paso a un excelente texto del poeta Emilio Vega, quien destaca que «Marien escribe con la dulzura inmensa que arropa los secretos, con la candorosa expresividad del niño que deja en su cuaderno algún rastro de lluvia». Emilio, siempre, escribe con el alma y con l
21/06/1996 