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- El parlamento leonés sin autoestima
Charlé sobre su libro 'La Nación sin autoestima' (CEU Ediciones) con Rafael Núñez Huesca. Al leer su texto me rechinaron los dientes cuando mencionó de forma cómica las ideas leonesistas. Tomando un café con él antes de la presentación de su obra le dije que me había tocado la fibra, que era un leonés militante. No se lo esperaba. Me sugirió que aguardara a preguntarle sobre el asunto para que hubiese más gente presente en la conversación. Quería polémica, contraargumentar. Me dio la impresión de que el portavoz adjunto del PP en la Asamblea de Madrid tenía el ingrediente de alguien inteligente: estar dispuesto a hablar con los que no piensan igual que él. En los tiempos de cafés monologuistas en los que no queremos escuchar la voz de los demás sino la propia, se agradece toparse con almas que rezan hacia fuera y avivan las velas litúrgicas de los viejos santuarios como el Café Gijón. Esa vanidad existente contrasta con el retrato que describe su libro: un país acomplejado, que huye de su - Elección
De nuevo, un cálido día asola León y con este, la incertidumbre que muchas personas sienten cada día al despertar. Esta inseguridad, viene de la inestabilidad que se puede observar en determinados sectores como el laboral e incluso, con la vivienda. Por todo esto, me surge una pregunta: «¿Realmente, nacemos con el derecho a elegir?». De niños, en la infancia, nos sostiene la familia y en general una sociedad educativa que se supone que nos cuida. Sin embargo, tras la adolescencia, llegamos a una adultez que simplemente nos quiere monetizar a toda costa. De ahí, surge mi cuestión, si tenemos que vivir por y para producir, en qué medida somos libres de elegir. Si recapitulamos, podemos escoger de qué trabajar, aunque siempre y cuando nuestro contexto socio-económico nos lo permita. Podemos escoger en dónde vivir, aunque siempre dependiendo de si tenemos los medios para desarrollarlo. Podemos decidir qué comer, aunque volviendo a la misma incongruencia, dependiendo de nuestro contexto. Entonces, comie - Una boda que vale por cuatro y un funeral (¿de la democracia?)
El calor ha impedido la celebración completa de los 250 años de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, tal que este pasado sábado. Ha habido actos y eventos por todos lados, por supuesto, porque si algo tiene esta sociedad de los USA es un profundo sentido del espectáculo de masas. Y no digamos su presidente actual. Todo un experto vendiendo performances (y vendiendo humo, dicen algunos). Pero la ocasión lo merecía, coincidiendo además con el Mundial de fútbol, que, en gran medida, ha sido organizado por ese mismo país (junto a Canada y México). En Philadelphia, ciudad emblemática en la Declaración de Independencia (se firmó allí en 1776), se ofreció un espectáculo antes del partido previsto, y el resto corrió a cargo de Trump en Washington. El día antes se había acercado al Monte Rushmore, donde se homenajea en roca a cuatro presidentes emblemáticos. Si Trump ya había fabulado, entre bromas y veras, con ser papa y ser rey, y lo que hiciera falta, parece que tambi - Verdades vacías
La España vaciada continúa su proceso. En muchos pueblos pequeños de nuestra montaña oriental leonesa, primero se fueron los que buscaban trabajo. Las familias eran largas y no había «campo» para todos. La entrada en el Mercado Común redujo la producción de ganado vacuno y de leche. El cereal, la remolacha, el lúpulo, los garbanzos, las lentejas, las legumbres, comenzaron a llegar de lejanas tierras. El trabajo de una familia se redujo a un par de hombres, los cuales soportaron dos años más, hasta que, en una nueva vuelta de tuerca, la leche dejó de recogerse y las vacas familiares desaparecieron. Ya no hacía falta nadie. Los escasos resistentes se buscaron un trabajo en la ciudad, aunque siguieran viviendo en el pueblo.... Los pueblos seguían igual: calles asfaltadas, alumbrado, agua corriente, bar abierto... Pero cerraron las escuelas. No había niños. No había curas ni maestros. Ni carteros, ni médicos, ni pastores, ni rebaños, ni siquiera había quién le diera cuerda al reloj de la torre d - Pago con tarjeta
A priori, resulta difícil entender cómo se puede pagar con una tarjeta de débito o crédito en la panadería una barra de pan o La Nueva Crónica en un quiosco, pero no utilizar ese sistema en un transporte público como el bus urbano. Y no se puede hacer, entre otros muchos lugares, ni en León, ni en Santiago de Compostela. Somos muy conscientes que las directivas europeas influyen en nuestras vidas. Pues bien, pediría a algún eurodiputado/a, si es que tiene a bien leer un periódico «de provincias» –expresión rancia y trasnochada–, y más aún a un articulista de medio pelo, que hagan lo posible por impulsar una norma que permita al viajero ocasional pagar así en toda la Unión Europea. El efectivo tiene algo casi psicológico, ya que al entregarlo sentimos el azote rasgado del bolsillo de manera fehaciente y esa fricción puede ayudar a algunas personas a controlar los impulsos y evitar compras innecesarias. En cambio, el dinero digital es invisible, además de abstracto y solo es necesario un ge
12/11/1990 