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- ¿Qué haces aquí?
Hay una tradición familiar que jamás falla. No es el café después del postre ni la tan prescindible discusión sobre política. Es ese familiar que vive en una gran ciudad y que, entre un bocado de cordero y otro, decide interesarse por mi futuro. «¿Pero tú qué haces aquí?». «Con lo listo que eres». «En Ponferrada no hay nada». «Tienes que irte para progresar». Todo ello pronunciado con esa mezcla de compasión y superioridad moral que solo da pagar un alquiler de 1.400 euros por un piso de cuarenta metros cuadrados. Y a mí me enerva. Porque la conversación siempre parte de la misma premisa: quedarse es conformarse. Como si hacer las maletas fuese un ascenso automático en la escala del éxito. Como si el código postal determinase el talento de una persona. No seré yo quien critique a quien decide marcharse. Faltaría más. Quizá un día sea yo. Cada uno busca su camino donde cree que puede encontrarlo. Hay quien encuentra oportunidades en Madrid, en Barcelona o en el extranjero. Ojalá les v - Nos vamos de veraneo
¿Se pueden pasar las vacaciones en la ciudad de dónde eres, donde trabajas y donde estas todo el año? Pues creo que sí. Hace años Cremer tituló «Cuando solo veraneaban las familias que tenían que veranear», o sea, los de siempre, los que «cerraban y se marchaban incluso con la corte hasta pongamos Santander, San Sebastián o Biarritz que era un mundo fantástico y lejano para los mortales que se quedaban», volvían después de los treinta días de rigor y al llegar y verlos parecían de otro planeta o galaxia. ¡Estuvo en Biarritz!..., decían. Ahora se viaja durante todo el año y se cambia de continente como antes de fiesta patronal, hasta encontrar el ambiente deseado. Pues sí, se puede veranear en León, fue una ciudad no hace mucho muy poco turística y no se enfaden los del sector, era una reducida actividad entre semana y los fines de semana no quedaba ni el tato por las calles, casi toda la ciudad de vacaciones en julio y agosto, la gente que tiene pueblo al pueblo, que es la inmensa mayoría, - La Roja o el deporte
Entre desavenencia o disidencia no hay gran recorrido. Desacuerdo con alguien o con lo que otro diga o piense. En un país tan cascarrabias como éste, cada individuo se siente en posesión de la verdad y en consecuencia los enfntamientos surgen como hongos. En la I República –bien pudiera ser actualmente– un diputado se durmió y cuando fue llamado a votar rotundamente respondió: «Me opongo». «¿Pero a cual enmienda se opone?». «No sé, pero me opongo». El desacuerdo es tan profundo como la Humanidad. Un caso fue el de Sócrates, condenado al suicidio; otro el hispano romano Séneca, obligado a cortarse las venas; a Aristóteles, Alejandro Magno lo quiso 'suicidar' pero se puso a salvo y tuvo tiempo para formular su teorema. La política es buen escenario para este tipo de rifirrafes, cuando el padre descubre que uno de sus hijos es gay o podemita. Y en el amor, aunque eso suele suceder pasados unos meses de casados. Pero donde más se palpa este tufo es en los bares. Si eres del Madrid te odian los - Libros, bibliotecas, leer
Presto aclaro que aun el título del presente texto y el calor haciente –evito el reinante–, mientras lo escribo, no estoy perdido en el listado de días internacionales de la Unesco. Tengo añosas razones para no olvidar, nunca, espero, que la celebración del Día Internacional del Libro (y, siendo exacto, del Derecho de Autor, que «money is money» «y a ti te encontré en la calle») es el 23 de abril, pues se acrecienta mi edad en primavera, rozando día tan cervantino. Y está muy bien lo de «Internacional» porque, qué día no es el de tener un libro entre las manos para leer. No, el título se debe a que llevo estos últimos días, así como invadido de una placentera y a la par abrumadora necesidad de cavilar sobre los libros que componen mi biblioteca, quizá, mi más valiosa propiedad material y, a la par, incorpóreo por su colaboración a mi diaria construcción como persona. Sin duda el recurso que, junto a la familiar educación recibida, más ha contribuido a modelar mi corto saber y entend - Los Estados Unidos
El domingo pasado –sí, soy consciente de que lo sabes…– se cumplieron 250 años desde que, el 4 de julio de 1776, trece colonias británicas establecidas en la costa este de América del Norte, cuyos delegados se reunieron en Filadelfia en el Segundo Congreso Continental, se declararon Estados soberanos e independientes de Gran Bretaña y formaron una nueva nación: habían nacido los Estados Unidos de América. La Declaración de Independencia aprobada –cuya redacción se debe principalmente a Thomas Jefferson– venía a explicar su decisión. Gran Bretaña, tras la Guerra de los Siete Años que le había enfrentado a Francia –finalizada en 1763–, había ganado dominio en América del Norte e impuso nuevos impuestos a las Trece Colonias, que estas consideraron injustos. Esta medida, unida a que no tenían representación en el parlamento británico, propició tensiones que desembocarían en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, que formalmente comenzó en 1775 y finalizó en 1783. En 17
27/07/1988 