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- Sultan Gin, una ginebra con origen leonés
El químico y emprendedor leonés Julián Zapico ha convertido su pasión por la química, los viajes y la destilación artesanal en Sultan Gin, una ginebra que ahora busca dar un salto adelante mediante una campaña de crowdfunding para producir un lote mayor y ampliar su distribución. Zapico, que ha vivido y trabajado en países como Japón o Reino Unido, empezó a desarrollar la idea poco después de la pandemia. En un principio el proyecto iba a centrarse en la elaboración de ron, pero pronto cambió de rumbo. "El proceso era más complejo, así que decidimos apostar por una ginebra", explica. El resultado es, en palabras de su creador, "la esencia de la ruta de la seda en una botella" El origen del nombre también tiene una historia curiosa. Un amigo del emprendedor estaba trabajando en una película titulada La alcoba del sultán y buscaban una forma creativa de promocionarla. De esa idea surgió la marca. El resultado es, en palabras de su creador, "la esencia de la ruta de la seda en una botella". La re - Las mis vecinas
Se celebra hoy el día de la mujer, cojonudo, por mí que no quede. Lo que pasa es que cuando me dice la crianza que se lo explique los cojo por el brazo y pregunto, ¿para dónde tiramos?Me da igual para arriba que para abajo, en cada casa un ejemplo, o dos, o más;sin que pierda la oportunidad de, antes de salir, contarles lo de su bisabuela, la que estaba embarazada de su abuela cuando murió el bisabuelo en aquella otra pandemia, la de 1919. - ¿No había nacido la abuela cuando murió su padre? - Eso es. - ¿Y qué hizo la bisabuela? - Levantarse cada día al amanecer, prender la cocina, ordeñar las vacas, arar las tierras y, nada más que pudo, mandar a la abuela a estudiar, para que no le faltara de nada. Quedan muy callados. Parece que lo piensan cuando van por la calleja y se escucha ruido en casa de Pili y Benito. «Aquí vivía Benigna la panadera, que también se levantaba al amanecer, pero a hacer pan, no os imagináis cómo olía la panadería. Y repartían con el caballo y el carro. Después pusie - Alerta: cuñados
Uno va sorteando lo mejor que puede a lo largo de su vida diferentes preguntas incómodas a través de las que se pueden ir comprendiendo mejor las etapas que va atravesando.A mí, por ejemplo, a estas alturas, las preguntas más impertinentes que me suelen hacer son: «¿Quiere usted aislar su buhardilla por tan solo un euro y ahorrar mucho dinero en calefacción?» y la siempre irritante «Entonces, ¿cuándo le vas a dar una hermanita a este niño tan guapo?», para la que siempre hay algún meticón de guardia (no diré meticona porque hoy es el Día Internacional de la Mujer, pero sólo por eso). Se invaden países y se declaran guerras por mucho menos. Como todo puede siempre empeorar, estos días hay otra pregunta que me hace bastante gente y que también me resulta trementadamente incómoda e impertinente, primero porque preguntárselo a un periodista indica, por un lado, que «te pasas entre esa gente todo el día», lo cual significa algo tan desagradable como preocupante, y, por otro, porque tiene algo - Elecciones 2 / Cartelería
En los dominios galácticos de McLuhan, durante las eras predigitales y de impresión, era costumbre comenzar campañas electorales con pringoso ensuciamiento de paredes a base de rostros más o menos satisfechos y robóticos acompañados de exhortaciones. Mucho antes de la IA ya había rebuznos. Esas tradiciones se perdieron como lágrimas en los clínex. Se mantiene, sin embargo, la profusión de rostros y frasecitas de calado que invaden civilizadamente farolas y demás enhiestos palitroques urbanos. Repasemos. Es más, analicémoslos si no en el diván de don Sigmund, al menos en esta dominguera mecedora. Carteles 2 Los 'peperos' apuestan (siempre apuestan: por el dios de las urnas, qué ludopatía) a un clásico: el político alegre junto a un contundente y sintético mensaje: «aquí certezas», como si estas provocaran seguridades. El candidato sonríe con un cruce de brazos proclive a malinterpretarse. Junto a su atuendo sin chaqueta se diría que disfruta de la hora del café, de ahí el gesto de complac - Gatos
Escuché en la radio a la escritora argentina Leila Guerriero describir la agonía y muerte de su gata. Me quedé estupefacto. En términos literarios, el relato estuvo a la altura de su prosa, estremecía, era incluso hermoso a pesar de lo dolorido. En términos humanos, llegué a pensar que sería imposible una carga emocional semejante si se hubiera tratado de la muerte de una persona. Una persona querida, he de precisar. Y me conmoví aún más, casi me asusté. Debo indicar que yo nunca he tenido gatos. Por lo tanto, mi percepción de esta historia y de cuanto ella comporta puede ser juzgada como poco empática. No lo discutiré. Pero sí debo afirmar que, o bien yo me he perdido algo, seguramente, o bien en ese amor sufriente hay elementos desmesurados. Y si me pongo en el papel del hombre con el que vive desde hace años, así le suele nombrar ella sin más, andaría un tanto inquieto. No por celos, que es una tontería, sino por la dosis literaria que pueda merecer llegado el caso. La literatura, sí, dic
16/11/1986 