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- Una DO para la innovación berciana
La SOStenibilidad está gritando auxilio desde cada rincón. La verdad es que busca empaparlo todo por necesidad ya. Porque nos hemos pasado todas las líneas rojas y estamos obligados en echar un pie atrás. Difícil sí, cuando nos hemos acostumbrado a una ciudad del dólar que ahora se presenta como una ciudad del dolor. Cuando cualquier molestia al medio ambiente comía bien de la mano de cualquiera que viera al Bierzo como un territorio a sacrificar. Era fácil la conquista cuando no se miraba más allá de una cartera. Ahora el cielo nos dice que nos hemos pasado, que estamos ardiendo porque no hemos visto acercarse la llama. Ahora toca lanzar ese SOS y rebuscar en la intrahistoria de lo nuestro para llenar de segundas vidas, de reciclajes y no de ataúdes, lo que sigue siendo un vergel natural para vivir. Aunque el término se talla en mayúsculas en espacios conocidos, donde su traslado es ya una obligación legal, sorprende más tatuar de SOStenibilidad lo pequeño. Y es ahí donde marcamos el paso de la - Cartas a un joven novelista
Mario Vargas Llosa escribe doce cartas a una persona que quiere iniciarse en el mundo de la escritura de novelas: sobre eso que le hubiera gustado leer cuando ya muy de joven sintió la vocación literaria como un mandamiento de escribir historias que deslumbraran a los lectores como a él habían deslumbrado Faulkner, Hemingway, Malraux, Dos Passos, Camus o Sartre. Esa vocación –«asunto misterioso, cercado de incertidumbre y subjetividad»– nada tiene que ver con la vocación al relumbrón ni a los beneficios económicos que a ciertos escritores depara la literatura. Quien la «tiene vive el ejercicio de la vocación como su mejor recompensa: el escritor siente íntimamente que escribir es lo mejor que le ha pasado y puede pasarle, pues escribir significa para él la mejor manera posible de vivir», prescindiendo de las consecuencias sociales, políticas o económicas que pueda lograr mediante lo que escribe. Una vocación que no es fruto del destino –como pensaban los románticos– ni de una elección. - El cine y las radios
La semana pasada hablaba del cine en general, y de las películas de mí tiempo en particular, donde predominaban las de aventuras, la cuales las subdividíamos, según la materia a tratar: de indios, de espadas, de amor o de risa. Esto está relacionado con los días que vengo en compañía de mis nietos, después de que ellos salieran del colegio y donde no puedo evitar echar una mirada a los que fue en su día el Teatro, o cine para nosotros, Trianón. Uno de los cines favoritos al gozar de butacas, tanto en la zona principal de madera, como en las de patio, las cuales, si no me equivoco, tapizadas con muelles, lo cual las dotaban de cierta comodidad que era muy de agradecer por los asistentes. Por el Trianón, junto con el teatro Principal de mucha más solera, pasaron las mejores y más conocidas compañías de teatro, o de revista que, normalmente, aprovechando que el Bernesga pasaba por León, solían verse en las fiestas y ferias de León, que era cuando más personas de la provincia se concentraban dando - Completar el puzle
¿Alguien más, queridos lectores, piensa que cada vez resulta más complicado discernir una información veraz de otra sesgada, manipulada o que es un bulo? ¿No os invade a veces también la sensación de ser tratados cual marionetas, objetos o números en vez de como seres humanos? Se supone que todos tenemos derecho a conocer la realidad, más cuando se trata de un asunto que nos atañe o que puede impactar en nuestra vida de forma directa. Una vez más, con el brote de Hantavirus que nos mantiene en vilo, observamos claros ejemplos de verdades a medias, cruces de acusaciones y opiniones encontradas que no hacen más que generarnos inquietud y desconfianza. Aún guardamos en nuestra memoria la experiencia vivida con la pandemia por Covid, es inevitable que se nos agiten esos fantasmas del pasado. No es el mismo patógeno, no son las mismas circunstancias, no tiene por qué repetirse aquella pesadilla, pero el miedo a que ocurra es lógico. Recurrir a las redes sociales, Internet o la IA para intentar saber m� - Que no miren para otro lado
La semana pasada recibíamos una noticia desgarradora: la muerte de dos guardiaciviles en su lucha contra las mafias del narcotráfico. Desgraciadamente, llueve sobre mojado y ya no son las primeras víctimas del benemérito cuerpo de la Guardia Civil. Lo cual quiere decir que poco o nada parecen hacer aprendido nuestros gobernantes, pues las cosas siguen igual. Me ha llamado la atención la valiente y esclarecedora homilía durante el funeral, a cargo de Don Santiago Gómez, obispo de Huelva, a quien tengo el gusto de conocer personalmente. Destacaría uno de sus acertados mensajes: «que no miren para otro lado». Mirar para otro significa hacer la vista gorda, no querer comprometerse, dejar las cosas como están o no molestarse en buscar soluciones eficaces. Desde luego que esta falta de interés no es aplicable a la Guardia Civil, siempre eficaz, a pesar de la precariedad de los medios que las autoridades ponen a su disposición. No es extraño que mucha gente se pregunte a ver a qué se debe esta dejadez, si
11/08/1980 