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- Un término medio
Pido perdón anticipado porque voy a mostrar una opinión que no está en un extremo ni en el contrario, que ahora mismo parece casi un sacrilegio. Y tampoco voy a hablar de las elecciones, en torno a las que ya gira todo. Eso sí, de ambientes caldeados sí trata, porque lo está el de la Cultural pese a que únicamente hayan transcurrido seis jornadas. Personalmente, estoy lejísimos de pensar que la temporada está perdida y ya no hay solución porque el equipo no da para más... pero también de considerar que el inicio no es reflejo de una confección muy mejorable y con evidentes carencias en un año en el que el fondo de descensos te daba músculo económico para haber tenido muchas menos. Y sobre todo, creo que hay un error en no ser consciente, o siéndolo considerar que no era importante, de que se estaba ante una temporada en la que por todo lo sucedido el año pasado y las decisiones tomadas a inicio del verano la afición iba a tener mucha menos paciencia de lo habitual y el ambiente iba a estar enra - Oferta en diferido
Cualquier estudiante de primero de Económicas sabe dibujar las curvas de oferta y demanda, y sabe también que cuando la demanda crece y la oferta no la acompaña, el ajuste lo termina haciendo el precio. Lo que no solemos contar en esa primera clase es cuánto tarda la oferta en reaccionar para ajustar el precio. En la vivienda, ese tiempo se mide en lustros. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia acaba de poner cifras a un problema conocido. Transformar suelo para vivienda puede tardar hoy entre diez, quince o incluso veinte años. Por el camino hay que sectorizar, aprobar un plan parcial que a veces se tramita hasta un par de veces, reparcelar, redactar el proyecto de urbanización y esperar informes que pueden tardar años. Y solo al final, aparecen las máquinas y los andamios. Lo llamativo es que, en España, precisamente, terreno no falta. Somos uno de los países más extensos de Europa, pero lo que falta es suelo que pueda convertirse en vivienda en un plazo razonable. La propia CNMC est - Agricultura y elecciones
Se equivocan quienes piensen que al día siguiente de las elecciones, es decir, el 30 de noviembre, festividad de San Andrés, van a cambiar muchos las cosas si como todo parece deja de gobernar la coalición de izquierdas. Y se equivocan quienes piensen que de producirse ese cambio se le va a dar un giro a los mercados y los agricultores vamos a poder ganarnos dignamente la vida gracias a la rentabilidad de nuestro negocio, gracias al margen entre las compras y las ventas. Gobierne quien gobierne, los mercados seguirán globalizados, la Política Agrícola Común la seguirán marcando burócratas de toda clase, ideología y condición, el departamento de Agricultura seguirá rogando al de Economía que no le ahogue demasiado, y las comunidades autónomas querrán seguir ejerciendo sus competencias agrarias con dinero de otras administraciones. Pero es verdad que si se produce el cambio político y toma el mando la coalición de las derechas, la derecha y la extrema derecha, hay al menos tres cuestiones de inter� - Esto de la vivienda es un ciempiés
En estos días convulsos, en que la vivienda, a nivel nacional, se ha convertido en el norte y la guía de nuestro diario (hasta que aparezca el siguiente), me he puesto a tomar notas de lo que se ha dicho, de lo que no se ha dicho pero que está en la historia, de los libros o lo que simplemente recuerdo. Y hay de todo, sobre la construcción de viviendas hoy, o la de antes, del alquiler, de la ocupación… y decir que es para escribir un libro, es quedarse corto. Un libro no ¡una biblioteca! Faltan viviendas nuevas. Vaya. Si fuera una enfermedad, tendría que ser catalogada de endémica. Lo he escrito ya no sé cuántas veces: desde que tengo uso de razón arquitectónica, o sea desde que estaba estudiando arquitectura, y de eso es desde unas cuantas décadas, hacen falta un millón de viviendas. Todos los años desde entonces y hasta en la época del boom inmobiliario. Pero vayamos al principio: se necesita un millón de viviendas, aunque yo juraría que es más. Pero esto es una opinión sin más, basada en - (Mi) viaje a Atenas
Todo viaje, qué duda cabe, es personal e intransferible y, al final, es un viaje interior, hacia uno mismo. Cuando emprendí (mi) viaje a Atenas, me habían advertido de dos cosas: las ruinas que encontraría y la mucha imaginación que tendría que emplear para interpretarlas. El trayecto al hotel por carretera pone delante de mis ojos una sucesión de inmuebles abandonados, de un color blanco sucio, que delatan el crecimiento rápido y asimétrico de una ciudad sobre la que pesa como una losa la gran crisis económica. El aterrizaje 'a pie de calle' no es menos caótico. Los pasos de cebra aparecen desdibujados y cruzo las calles por donde puedo, sin oír, eso sí, un pitido. En los sucesivos paseos por los barrios turísticos de Psiry y Plaka –viajar, qué duda cabe, es callejear, perderse– descubro grafitis, tabernas, música, palomas, tiendas de suvenir, buganvillas, colonias de gatos, en medio de una luz inmensa, un aire que es bálsamo para el cuerpo y un crisol de olores y colores. De la cuidad emerg
26/12/1979 