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- Donaldo, fato, tamos afalagaos y fartos
Cuando era presidente de usa Ronaldo (Rigan) les dio la tontuna e invadieron la isla de Granada, que era de los argentinos, que perdieron aquella guerra pero, decían ellos, «a fin de cuentas quedamos segundos». Pues por aquel entonces la Junta Vecinal de Columbiello, en el vecino Principau, aprobó en concejo mandarle una carta a Ronaldo con el siguiente texto:«Don Donaldo, tamos en Clumbiello afalagaos y muy fartos, por eso, para no andar a traición os avisamos:Oabandonáis ya la isla... o tomamos medidas». Yde dirección pusieron:Ronaldo Rigan. La Casa Blanca de ahí la América. Hubo quien malició que la carta no había llegado pero resulta que a los tres días de mandarla (el tiempo justo para llegar el cartero y dejarla en el buzón) Ronaldo decidió que regresaran las tropas y se acabara la tontuna. Pues parece que no aprenden. Ahora es Donaldo, prácticamente lo mismo, Trum, el que le atacó la tontuna pero a lo grande y se sospecha que tiene negocios de funerarias porque de otra manera no se entien - Las edades del hombre (pitopausia)
Renazco cada día, le pongo melodía a mi dolor, no lo merezco. Yo soy un niño todavía. Y más que me queda: seré un adulto cuando proceda», rima Kase O en 'Suave seda'. El viaje del niño al adulto concentra la gran contradicción de las muchas contradicciones que los hombres vamos arrastrando a lo largo de nuestras vidas. La mitad de la literatura, la mitad de la música y la pintura, la mitad del arte a fin de cuentas, ha tenido como objetivo un imaginario regreso a la infancia que a veces resulta emotivo y a veces insoportablemente cursi. La más evidente de las contradicciones es que los niños quieren ser mayores cuanto antes, presumen de hacer las cosas por sí solos y celebran ser aceptados en círculos que al principio les estaban prohibidos, como si tuvieran prisa. Pero cuando por fin lo consiguen, cuando pueden presumir de ser adultos, manifiestan comportamientos propios de la infancia. Cada cual tendrá un ejemplo alrededor. Y si no que ponga la televisión o abra un periódico. Se trata de una gr - Hechicería
En antiguas civilizaciones, o no tanto, la hechicería causaba tanta admiración como temor, hasta el punto de que a nadie, a ningún jefe de tribu o poderoso al mando, se le hubiera ocurrido asimilarla con curanderos, sacamuelas, curalotodos, santeros, practicantes u otras ramas por el estilo. De haber obrado así, como poco hubieran preparado una huelga amarillenta del tipo una semana de paro al mes y sanseacabó. Porque la hechicería es la hechicería y no admite parangón. Eso se deduce, pensando bien, de las insólitas huelgas médicas en contra de un estatuto que, mejoras profesionales y organizativas aparte, les equipara con el resto del personal sanitario. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Salvando distancias, recuerdan en cierto modo a las huelgas de no hace tanto protagonizadas por las altas magistraturas judiciales. O la de los técnicos de Hacienda animados por ese autosindicato propio. Parece ser que todos y todas queremos ser más que alguien, que estamos sobrados de razones para ello y que no estamo - Padre nuestro
Los padres que yo conocí tenían horario para serlo. El resto del tiempo eran sombras apareciendo y desapareciendo, cada vez con una herramienta al hombro, alejándose por algún camino y regresando por otro, porque en la tierra no hay límites y son infinitos los senderos que te devuelven a casa, siendo un poco más pequeños que cuando se fueron, unas horas antes. O quizá era que venían encorvados por el cansancio, invisible para los ojos infantiles. Y mucho menos en alguien experto en esconder espinas tras unos ojos azul intenso, siempre sonrientes. Por eso, de niña pensaba que mi padre por las tardes, cuando regresaba cansado, era más bajo. Los domingos se ponía los ojos más azules que tenía y era el más alto del mundo. Como siempre, hubo que coger distancia y, desde lo alto de unas cuantas décadas, mirar hacia abajo para ver las cosas claras. Ves una figura entrando y saliendo de tu infancia, con un horario severo impuesto por sí mismo, ajeno a todo lo doméstico, menos picar sopas de ajo para la - A la luz del sol
En el cuento 'El eclipse' de Augusto Monterroso, un fraile español perdido en la selva guatemalteca durante la conquista americana intenta evitar su muerte a manos de los mayas simulando poderes mágicos gracias a su conocimiento de un eclipse de sol que había de tener lugar ese mismo día. Mientras es sacrificado, uno de los indígenas recita pausadamente las fechas de los siguientes ocultamientos solares. Recordaba este instructivo cuento a propósito del revuelo por las palabras de Felipe VI de visita en una exposición temporal acompañado del embajador de México, cuando reconoció los «abusos» de la conquista. No creo que nadie tenga que pedir perdón por la conquista/invasión de los españoles en América; sería como admitir que somos responsables de los actos de nuestros padres, abuelos, etc., salvo tal vez la corona, cuya existencia se basa en un principio hereditario. Teniendo en cuenta, además, que antepasados de quienes exigen tales disculpas fueron a menudo los responsables de esas injusticias
20/03/1977 