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- Utópica, natural de Utopía
Fue en Bilbao -cómo no; allí hasta las ideas me parece que van más deprisa– donde me enfrenté por primera vez a un dilema de esos con los que nos definimos a nosotros mismos. Sentados en el suelo, siempre lejos de cualquier comodidad «adulta», diez chavales nos decantábamos por un sí o un no como respuesta al planteamiento de si debíamos separar a la persona del artista. Aquella situación me sonaba entonces a 'Los siete contra Tebas' de Gata Cattana, sin intuir que ahora, aderezada por el paso del tiempo, le iba a coger prestada la voz a la nostalgia que encarna Sabina en 'Con la frente marchita'. Era entonces el mundo un lugar fascinante, acompañado sempiternamente de la sensación de que en él vas a dejar huella. De que el tiempo yace congelado en una nube redentora que perdona todos tus pecados y ofrece en bandeja el cumplimiento de toda ambición. Éramos jóvenes, en fin, como lo sigo siendo hoy, aunque de forma distinta: ya sólo encuentro sensación parecida a aquella cuando me topo con un fr - Decir NO también es amor propio
Nos enseñaron que decir «no» era ser egoísta, maleducada o ingrata. Que lo correcto era aceptar, agradar, no incomodar. Muchas mujeres crecimos entrenadas para decir que sí incluso cuando algo nos dolía, nos cansaba o nos hacía sentir pequeñas. Pero cada «sí» impuesto deja huella. Aceptar lo que no queremos es, poco a poco, una forma de negarnos a nosotras mismas. Y lo que parece un gesto de amabilidad hacia fuera se convierte en una herida hacia dentro. Decir «no» es un acto de amor propio. Es reconocer nuestros límites, ponerlos en palabras y defenderlos. Es entender que nuestra energía, nuestro tiempo y nuestro cuerpo no son infinitos ni están siempre disponibles para otros. Que no somos peores hijas, peores madres, peores amigas o peores compañeras por necesitar espacio, descanso o silencio. En el mundo rural, todavía resuena el eco de generaciones que vivieron al servicio de los demás: la mujer que se levantaba antes que nadie y se acostaba la última, la que nunca dijo que estaba cansada - No les robéis las palabras primeras
Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando. Palabras que la poeta Violeta Parra enseñaba. Palabras «que siento y declaro» y otras desde la gratitud a una vida que se desplegaba ante sus sentidos con la inocencia de las promesas del enamorado atento. «Gracias a la vida que me ha dado tanto». Así yo distingo lo negro del blanco y el fondo estrellado en un alto cielo, además de mirar al hombre que amo envuelto entre las multitudes. Eran las palabras primeras: el abecedario de la noche y el día, y el curso de las horas arroyo que transcurre lento cuando eres niño y te queda mundo por recorrerlo entero con los trémulos pasos del que estrena la vida balbuceando con la novedad natural del que peina, descuidado, los primeros rayos de la mañana. Los pies, las playas y los desiertos, la casa, las nubes , y el sol alumbrando. La cuna y la cama y el beso esperado del padre tierno. Amor que cocinó sus promesas en el horno lento de leña avivada con el esmero y paciencia de lo que merece esperar. Desperezar lento. Com - Mejor que prohíba el Estado
Por fin en algo coincidimos la inmensa mayoría de los habitantes de nuestra España cainita. El uso que los jóvenes hacen de las redes sociales no es el más idóneo, aunque sería más certero decir que el uso que hacen las redes sociales de los jóvenes está generando un problema muy grave. Aunque sea triste reconocerlo, las redes sociales ya no son una herramienta a nuestro servicio, sino que nosotros somos su herramienta. Puede parecer una reflexión distópica, pero es la realidad. Por esta razón, el anuncio de Pedro Sánchez de prohibir por ley el acceso a las redes sociales hasta los 16 años ha tenido una muy buena acogida, aunque no por ello debemos obviar ciertos aspectos. Nadie puede dudar de que, como sociedad, tenemos un problema y de que hay que actuar. Donde sí puede haber ciertos peros es en el cómo. Si estamos de acuerdo en que este problema existe, sería lógico pensar que las medidas a adoptar se debatirían previamente con el Ministerio de Juventud, pero no ha sido así. O al menos eso - Desbordados
Decir febrero es subir la persiana al despertar y camuflarse en gris. El agua suele ser bienvenida en el campo, normalmente cuando llueve a mares ese es precisamente nuestro consuelo, que al menos tanto aguacero beneficie a nuestros desprotegidos agricultores, pero ahora mismo ni eso podemos alegar, es demasiada. Por cierto, estamos con vosotros, con vuestras tractoradas, ojalá no se firme ese tratado tan injusto para nuestro sector primario. Cada vez se entienden menos, por muy europeístas que creamos ser, muchas decisiones de Bruselas. ¿Por qué este empeño en hundir la agricultura, la pesca y la ganadería autóctona? ¿Por qué tener que importar productos que para colmo no cumplen con sus propias normativas? Se supone que la política debe solucionar los problemas de los ciudadanos, no complicarnos la vida. Todo son prohibiciones: no cultives, no pesques, no tengas animales, no fumes, no cojas el coche, no viajes, no comas esto y lo otro, no salgas, no uses las redes sociales, no estudies en centros priv
02/08/1966 