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- Un personaje de Mateo Díez
Muchos creen que Dios te habla a través del teléfono, con un mensaje de WhatsApp o una llamada indiscreta, como si fuera un teleoperador en las cabinas celestiales. Lo hace de la forma más sibilina, sin ruido ni notificaciones. Te ayuda a discernir —como decía Ignacio de Loyola— a tomar decisiones guiadas por una concatenación de hechos orquestados desde arriba con sutil omnipotencia. Hace unos días le regalé a mi tío Rodolfo El vigía de las esquinas, el último libro de nuestro paisano Luis Mateo Díez. El criterio bibliófilo del destino escogió esa obra para que, en mi visita a Santander, le obsequiara con la prosa del Cervantes de denominación de origen leonesa. Rodolfo ya no leerá esa novela: falleció diez días después. Apenas tenía fuerzas, ni mucho menos ganas de sostener un libro. Esa literatura que antaño fue su refugio se derrumbaba con la enfermedad. Me queda el consuelo amargo de haber sido la última persona que le entregó uno de esos volúmenes que durante años sostuvieron los - Nace otro rural
Nos citamos en un pueblo que podría estar en León, en Asturias, en Galicia o en cualquier comarca española donde las casas vacías conservan el olor de quienes se fueron. Prefiero dejarlo sin bautizar, como esos lugares que uno descubre y que parecen guardar algo pendiente de contar. Llegué primero. La plaza estaba vacía, salvo por una mesa, cuatro sillas y un nogal. David Uclés apareció con un cuaderno. Oliver Laxe llegó después, mirando más los montes que las casas. Rodrigo Cuevas fue el último y trajo esa energía capaz de convertir cualquier silencio en una fiesta posible. Nos sentamos sin programa. No había moderador ni ponencias. Solo vino, pan, queso y la pregunta que había provocado aquella reunión: ¿puede nacer un nuevo rural sin disfrazar el viejo? A nuestro alrededor, el pueblo parecía escuchar también, con las ventanas cerradas y esa quietud que tienen los lugares olvidados. Uclés fue el primero en hablar. Dijo que antes de construir nada había que preguntar quién había vivido all - Flor del Viento
La Anémona pulsatilla, o 'Flor del viento' (también conocida en nuestra montaña como 'Cuculiecho', 'Flor de las nieves' o 'Robameriendas') dio nombre, en Cármenes, hace 30 años, a un coro singular, que ahora ha llegado a su fin con dos conciertos, los días 22 y 23 de agosto, en Génicera y en el mismo Cármenes, capital de Los Argüellos. Fue aquella una obra cultural de envergadura, pilotada entonces por dos personajes singulares nativos de aquel paraíso al que llegó el cronista, huyendo de la sublevación de la memoria del Mediterráneo que lo había atrapado con sus insidiosas ínfulas de padre de nuestra cultura, y al que despidió con el poemario titulado: 'Llévame del mar». Eran ellos Angel Fierro y Fulgencio Fernández, a los que pronto se unió el jovencísimo Antonio Manilla. Además de la primera Semana Cultural de la provincia, fueron dando cuenta de que aquella tierra había nacido para eso, a la que fueron asistiendo casi todos los protagonistas de la cultura leonesa, revistas, libros, y so - Inicio del curso escolar
Para la mayoría de los alumnos, el mes de septiembre no se mide en días, sino en tiempos de prudente expectativa…, con olor a mochilas y cuadernos nuevos, aunque más allá de cifras de escolarización y debates sobre costes del material escolar emerge la columna vertebral del sistema educativo: el maestro. En la era de la digitalización e inteligencia artificial, (IA), la labor del docente adquiere una dimensión clave, ya que el aula no es el único lugar donde se almacena el conocimiento puesto que la información está a un clic de distancia: en internet. Visto así, el empeño del maestro no debería ser transmitir datos, sino enseñar a procesarlos, porque su trabajo podría ser un ejercicio de resiliencia frente a las «tropas digitales». Por lo que, tanto ahora como siempre, el trabajo en las aulas exige del profesorado una gran dosis vocacional. El docente no solo planifica asignaturas, sino que gestiona frustraciones, fomenta la empatía y detecta ausencias invisibles, siendo su mirada, muchas vec - ¿Nos daña el exceso de realidad en tiempos digitales?
Adiós a todo eso, adiós a agosto. Si es que ha merecido la pena. Los días azules y aquel sol de la infancia quedan demasiado lejos. Como escribimos alguna vez aquí, agosto ya no se muestra como un mes maravillosamente hueco y vacío, un mes que podíamos utilizar para ser felices. Agosto, como todo el calendario, está hoy profusamente poblado de sucesos, de palabras, de discursos, de amenazas, de tinieblas. Termina hoy el mes que antes amábamos y a estas horas tenemos en los labios una sensación amarga: ¿no estamos agotados a causa de todo este ruido y toda esta furia que nos ha acompañado en las cuatro últimas semanas? ¿No ha sido agosto un mes más en esta carrera brutal por mantenernos en alerta permanente, por sembrar el temor y el miedo, por obligarnos a malgastar nuestras vidas? Hoy decimos adiós al mes que un día nos permitió estar fuera del mundo y en unas horas apenas nos zambulliremos en el próximo, el mes de las uvas dulces, el mes que inexorablemente nos devolverá a una realidad muy de
01/11/1932 