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- Nostalgia del patio de butacas
Llegaban tarde los estrenos, a veces meses o incluso años después de que las alfombras rojas se hubiesen iluminado en Broadway o la Gran Vía, pero en los viejos cines de provincias la emoción esperaba intacta. Las parejas paseaban por las calles principales saludando a los conocidos y, además de escaparates, contemplaban los carteles luminosos de los cines, las primeras ventanas a la imaginación que se abrieron ante sus ojos. La televisión no había llegado a todas las casas y la cartelería cobraba una importancia que hoy resulta imposible incluso de imaginar, sin los nervios del veredicto del público y de la crítica pero con la ilusión de los niños que descubren una nueva aventura. Los rostros de actores y actrices se empezaban a hacer familiares y en las colas de las taquillas un hormigueo recorría los estómagos, antes de entrar a un mundo desconocido en el que todo era tan posible como imposible. Sonaban los montones de monedas en los bolsillos de los acomodadores, sus linternas indiscretas, empe - Invasores
Cada año invaden nuestro territorio cerca de cien millones de personas, alojadas sin mayores problemas en un país donde no hay viviendas asequibles para sus propios ciudadanos, pese a lo que proclama pomposamente su ley fundamental. Son bienvenidos. Cada poco, voceadores, abanderados, evasores fiscales y demás patriotas de campanario abonan su forma de ver la historia recurriendo a leyendas medievales o epopeyas de cartón piedra que se alejan de la realidad como un cuento de Calleja. En ese repertorio escogen pellizcos de cronicones militares, un par de anécdotas políticas amojamadas y alguna arenga con exceso de condimento y cocinan un pasado alternativo que nadie en su sano juicio se cree. Esa manera de expurgar y deformar a discreción el pasado suele rehuir sanos productos de temporada: las épocas recientes, precisamente las mejor conocidas y más influyentes en el presente y, en nuestro caso particular, las menos ejemplares, si es que alguna época lo fuera. El siglo XIX, por ejemplo, no gusta. El col - El parte hay que verlo en la taberna
Un consejo, que sois muy de tomar decisiones y después pasa lo que pasa:El Parte (lo que ahora llaman Informativos pero bien harían en volver a llamarlo Parte, y juez) hay que verlo en la taberna, allí sí te enteras y cultivas el sentido crítico, que buena falta nos hace. Cuando comencé a cultivar la disidencia iba a ver el Parte con An Gelillo, el fundador del Grupo de Filósofos de lo Rural sin Obra Publicada, y oye, él parecía que escuchaba con atención, ni gutía cuando hablaban, pero cuando acababan y ponían la música de ir a otro asunto el bueno de Gelillo dictaba sentencia de lo anterior: – Sí por los cojones; musitaba y le daba media vuelta a la boina, por lo que cada dos vueltas volvía a su ser natural, la gorra, que An se iba encendiendo. Si lo ves en la taberna, que deberías, estate atento porque a cada cosa que cuenten aparece uno que dice «ostia, pero si esos son de León». Yése es el momento de aprender, según responda el personal conoces al personaje. – Coño, no sabía yo que - La calle de las Camelias
Habíamos perdido la esperanza, pero esta semana el otoño no se atrevió a instalarse al encontrar al verano en plena calle, sin hacer el equipaje. Eran decenas de miles de personas brillando, con la empatía en la mano y el grito en la boca, encarándose con la injusticia. Qué falta nos hacía una imagen como ésa. De repente la vida se tiñe de verde y retrocede siete décadas. Una joven cruza la calle, hoy centro de todos los focos, hacia un mundo que aún era inocente, cuando vivíamos, como dice Joan Margarit, «en calles a las que les sentaba bien un nombre como el de las Camelias». Y por un momento vimos en esa calle el 'No a la guerra' y las manos blancas alzadas, contra el terrorismo armado. Vimos a Mahsa Amini, la joven kurda de 22 años que murió un septiembre por enseñar un mechón de pelo, y el mundo se echó a la calle, convirtiéndola en el símbolo de la lucha por los derechos humanos. Sucesos que solo tienen en común las palabras 'injusticia' y 'símbolo' y el nombre de una víctima uniénd - El ciclo de la vida
Ocurrencia vista en Redes: naces, salvo Adán; creces, salvo Torrebruno; te reproduces, salvo Vaquerizo; y mueres, salvo Jordi Hurtado. O algo parecido. Naces, creces… mucho simplificar, desarrollemos esos cuatro verbos, esa frase corta, tan repetida, casi publicitaria. De inicio, no naces, te nacen más bien. En un cierto momento abres los ojos y ves y lees y estudias; te ponen a estudiar, más bien. Ahí, en algún instante más/menos precoz descubres el pavo, la pava, la tontería, los naipes, el alcohol, los psicotrópicos y el sexo, el tuyo y el otro. Sexo que, en una edad más/menos tardía, suele desembocar en pareja, familia y hogar (no son sinónimos). Y entonces sí, te reproduces si quieres, si puedes (MAR: sólo si te duchas poscoito) si te responden los espermatozoides y la economía doméstica y el mercado inmobiliario. Mientras tanto, y si tienes mucha suerte, trabajas. En términos cuantitativos es la actividad por excelencia, el periodo más duradero para los pobres mortales, que cada vez se al
20/06/1926 