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- Llamazares y el filón guerracivilista
Cuesta encontrar algo escrito sobre la Guerra Civil que merezca la pena. La obra por la que Julio Llamazares ha sido galardonado con el Premio Nacional de Narrativa es una de las pocas excepciones. Son muchos los llamados y pocos los elegidos: escribir sobre nuestra gran tragedia suele ser más un déjà vu de tópicos que una inspiración verdadera. Decía Ortega y Gasset que la mayoría de la gente no tiene una opinión, sino que se apropia de una tesis ajena. Ocurre lo mismo con los cientos de títulos guerracivilistas que hoy sestean en las trincheras de las librerías. Incluso David Uclés, que presumió en La península de las casas vacías de sembrar el frente con minas de realismo mágico, se pasó de frenada; como apuntó la crítica, su originalidad acabó derivando en un delirio de sí mismo. Por eso me detuve al ver el libro de Llamazares en un escaparate, yo, que suelo pasar de largo ante cada nueva bandera de concordia empaquetada como narrativa retrospectiva. Me gusta cuando la gente cuenta cosas d - San Froilán
En alguna ocasión peregriné con mis padres en la Romería de la Virgen del Camino. Era un crío. Me encantaban las avellanas. Los carros engalanados, que iba contando con los dedos, eran enormes y los bueyes molaban. De lo que acontecía en las tradiciones de Las Cantaderas y del Tributo de las 100 doncellas no me enteraba. Entonces me parecía un rollo de mayores. Boquiabierto contemplaba cómo un sólo paisano podía aguantar aquellos gigantescos pendones. Unos segundos eternos. Las Fiestas de San Froilán son las genuinas de León, las tradicionales de verdad, las que se llevan celebrando desde la Edad Media. Nada tienen que ver hoy con las que conocí de niño. Se han convertido en un macro evento turístico destinado al disfrute de propios y extraños, al delirio habitual de los tiempos en los que vivimos. Ahora son festejos más elaborados, mejor diseñados, con multitud de actividades, pensadas para todos los públicos, más repartidas por la ciudad. San Froilán y la Semana Santa son, creo, los días en - El otoño de todos los desencantos
Ya hemos hablado aquí, en las últimas semanas, de aquel placer que nos producía la llegada del otoño en los días de infancia, a pesar de la vuelta al colegio, que tampoco estaba tan mal. Pronto el verano, sinónimo de la más absoluta libertad, especialmente para los que vivíamos en el campo, y de los juegos que se alargaban hasta más allá de la medianoche, quedaba olvidado, pero las primeras manzanas, las uvas, las castañas, y las lluvias mansas que abrazaban la tierra, servían para inaugurar un nuevo tiempo, a menudo envuelto por la bruma, un tiempo más calmado y algo adormecido, que se deslizaría inexorablemente hacia las nieves de enero y febrero. Ahora, con los veranos feroces, en los que se alcanzan temperaturas récord y la tierra queda devastada por pertinaces sequías (muchos fingen ignorarlo, para no tener que admitir los males del cambio climático), el otoño debería servir de refugio: un territorio de salvación, la última trinchera. No dejo de soñar con los viejos castaños, con los n - Diálogos con el pasado-4 (Pasa, octubre)
Pasa, octubre. No te quedes ahí, pasmado; pasa dentro./ Este es mi corazón. Esta es tu casa. / El verano ya se fue. /Entra y no temas que el rescoldo del amor nos queme el alma./ Los recuerdos ya se fueron. / Otra vez estamos solos. El silencio ya no canta. Solo queda la espesura del consuelo./ Solos los dos, ya sin motivos, brindaremos / por el mar o por la vida que nos pueda quedar;/ pero nunca por la ausencia. / Lo importante es estar juntos otra vez / ensimismarnos / sucumbir a la desidia. / Como dos antiguos camaradas / que lucharon hasta el final por cambiar el mundo/ y fracasaron./ Como niños sin abuelos./ como rosas del desierto, / como lágrimas. /Entra, octubre. No te quedes ahí; pasmado.! A veces la poesía es así; un diálogo con alguien que acaba de llegar y se detiene delante de nuestra casa. Como le ocurrió una vez al cronista en aquel Vidanes, donde El Señorito, benefactor de la comarca y tercer hombre del régimen durante varios años, dueño de la Huerta de la Fruta, a cuyo cargo estaba e - La tranquilidad de tener un hogar
Tras varias manifestaciones por una vivienda digna que han generado crispación, me pregunto cómo es que hemos llegado a esta situación. En qué momento, creímos como sociedad, que comercializar con la vivienda era un derecho, dejando a personas sin casa y a casa sin gente. En qué instante, nos volvimos capital en vez de personas. Mientras me manifestaba, sentía unión y que por fin, en mucho tiempo, no estaba sola. Porque han conseguido que quienes vemos a las personas como lo que son y no como números, pasemos miedo. Sin embargo, los miles de testimonios acerca de la situación crítica que estamos sufriendo en España, nunca serán suficientes para quienes viven de especular con la vida de otros. Todos y cada uno de los leoneses y leonesas tenemos acceso a las estadísticas que muestran la triste realidad que vivimos en nuestra provincia y los que no quieren leerlas, estoy segura de que si preguntan a su alrededor, verán casos reales donde quienes buscamos un futuro en León, vemos que es casi imposible
04/07/1918 