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- Cuando el empleo se va de feria
No casan. Pensar en feria y empleo en el mismo marco, cuesta. Pero surge y se casan, aunque sea solo por convenio. Y no es del todo malo hacer una feria de la búsqueda de empleo. Casa feria y empleo, casa oferta y demanda. Como si fueras a comprar un pantalón vaquero, seleccionas. O te elige la prenda para que la lleves con soltura. Estamos en tiempos de erial minero. Donde el 'Se vende', el 'cerrado' o el 'Se alquila' es la promoción más destacada de los escaparates. Donde quedarse es hablar de puestos de "difícil cobertura" y donde levantar la voz es pretender que te escuchen en el subsuelo. Así que, festejar que buscas trabajo es todo un avance en la metodología de hacerlo. Vas pasando por 50 expositores y viendo como caza la perrina en cada uno. Que te gusta, compras o te vendes, que no, pasas página. Pero antes de entrar al mercadillo de puestos de trabajo hay un "pre" en una cola que parece diseñada para el Instagram. Y es ahí donde la disposición laboral queda clara. Si cigarrito, cerveza y bost - Leer el paisaje: Las huellas que deja el tiempo
Cuando recorremos un territorio, pocas veces pensamos en todo lo que ha ocurrido antes de llegar a ser como lo vemos. Un camino que atraviesa varios pueblos, una red de canales de riego, una antigua estación ferroviaria o un barrio que creció al calor de una actividad industrial. Cada elemento tiene una historia y responde a unas necesidades y formas de vida que, en muchos casos, ya han cambiado. El territorio no se construye de un día para otro. Es el resultado de transformaciones acumuladas a lo largo del tiempo. Las actividades económicas, los movimientos de población, las infraestructuras y las decisiones políticas han dejado marcas que todavía condicionan cómo vivimos, nos desplazamos y organizamos el espacio. En León encontramos muchas de esas huellas. Están en las cuencas mineras y sus poblados, pero también en los sistemas de regadío del Páramo, los trazados ferroviarios, la estructura de los pueblos, los caminos que conectaban mercados y comarcas o los ensanches urbanos que acompañaron el c - No reguemos más el odio
La semana pasada nos sacudió la noticia de una nueva tragedia ferroviaria ocurrida en Urda, Toledo. Aún permanece abierta la herida ocasionada por el accidente que tuvo lugar en Adamuz, Córdoba, hace tan solo nueve meses. Rabia, impotencia, tristeza, miedo. Es difícil describir esa sensación que nos invade ante tales sucesos, cuando escuchamos los testimonios y las impactantes imágenes son percibidas y procesadas por nuestras retinas. Quizá sencillamente no existen palabras para expresar de forma correcta ciertas cosas. No ayuda en absoluto el comportamiento de algunos políticos, que parecen no tener ante los ojos nada más que las próximas elecciones, tratando de usar esta desgracia en beneficio propio o sacudiéndose responsabilidades de encima mientras todavía continua el proceso de identificación de las víctimas fallecidas. Los medios de comunicación y las redes sociales se llenan en cuestión de segundos de datos, opiniones, teorías. Llega un punto en el que cuesta identificar las informaciones - Fechas de cara y cruz
Desde que era joven, en los albores de algo tan esperado como fue la televisión, recuerdo aquellos programas de estudio 1, con un unos televisores en blanco y negro, quienes los tuvieran, cuando se agrupaban en las casas o bares para disfrutar viendo la Universal obra de Jose Zorrilla., Don Juan Tenorio, obra que ha quedado en la memoria de muchas generaciones, sobre todo aquellas representaciones protagonizadas por dos grandes actores del teatro español como fueron: Concha Velasco, en el papel de Doña Inés, y Francisco Rabal en el de D. Juan, que todo aficionado al teatro, o a la lectura romántica, declamada hasta la saciedad. El texto que ha quedado en nuestra mente, por encima de los demás, es el siguiente: ¿no es cierto Ángel de amor, que en esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira mejor? con un Don Juan arrodillado y declarando su amor a una Inés recluida en un convento luchando contra los deseos de la carne. El papel de D. Juan ha dado la vuelta por una gran parte del mundo, si bi - El Señor es bueno
Una de las primeras personas en acercarse a los trenes de la catástrofe de Urda fue el farmacéutico del pueblo, que se puso a disposición de los heridos, aportando el material sanitario que estaba a su alcance. Él mismo nos contó el testimonio de uno de los heridos que, convencido de que iba a morir, trataba de despedirse telefónicamente de su familia diciendo: "Maite, cuida de los niños. Te quiero mucho. Dios es bueno". Tal vez esta afirmación de la bondad de Dios contrasta con la actitud de quienes, ante catástrofes como ésta, echan la culpa a Dios, como si él fuera quien no se ha preocupado de invertir más atención y dinero en el mantenimiento de las infraestructuras ferroviarias. Olvidan que Dios respeta la autonomía de las realidades terrestres y la libertad de las personas. Y que Él no es el culpable de la mala gestión ni de los posibles fallos humanos. Por otra parte, la Iglesia, que trata de poner en práctica aquello en lo que cree, ha sabido estar a la altura de las circunstancias. El p�
20/10/1892 